El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, afirmó que el acuerdo alcanzado con Omán sobre el estrecho de Ormuz no supondrá su reapertura mientras Estados Unidos no retome los compromisos adquiridos en junio.
Araqchí dijo en una entrevista con Al-Araby Al-Jadeed que «el acuerdo con el sultanato de Omán, en ningún caso significará que se reabrirá el estrecho de Ormuz». Añadió que la condición de Irán es que Estados Unidos «vuelva a cumplir sus compromisos en el Memorando de Islamabad».
Ese memorando fue firmado en junio pasado entre Teherán y Washington, bajo mediación de Paquistán. El texto lo describe como un acuerdo provisional que contemplaba principalmente el cese de las hostilidades, el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, la reapertura del estrecho de Ormuz por parte de Irán, el levantamiento de las sanciones petroleras impuestas al país persa y la liberación de sus fondos congelados en el extranjero.
Según la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní, Teherán y Mascate alcanzaron a principios de septiembre un acuerdo sobre las rutas seguras de navegación en Ormuz. Ese acuerdo será presentado el lunes en una reunión en la capital omaní.
Araqchí precisó que en ese encuentro se facilitarán «a los países participantes los detalles del acuerdo con Omán y los mapas relacionados con la nueva ruta» de navegación. Según medios iraníes, además de Omán e Irán participarán Arabia Saudí, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos e Irak. Baréin se desmarcó del encuentro y recordó que su territorio «ha sido objeto de ataques (iraníes) dirigidos contra sus infraestructuras y bienes civiles».
La aplicación del Memorando de Islamabad se vio obstaculizada por diferencias entre Washington y Teherán sobre el control de las rutas marítimas en el estratégico estrecho de Ormuz. Desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, esa vía se ha convertido en uno de los principales focos de tensión entre Irán y Estados Unidos.
Conviene mirar los incentivos. Irán presenta el paso por Ormuz como palanca de negociación; Estados Unidos, como un compromiso pendiente. En ambos casos, el dato central es el mismo: una ruta marítima estratégica sigue siendo moneda de cambio en una disputa política más amplia.
Para los mercados y para los países del Golfo, la prioridad no es la retórica, sino la previsibilidad. Cuando una vía clave para la navegación queda sujeta a condiciones cruzadas, la incertidumbre se traslada a los costos, al comercio y a la seguridad jurídica de la región. El dato importa más que el ruido.

