El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Baqaei, celebró este lunes el acuerdo de defensa recientemente ratificado entre Arabia Saudí, Pakistán y Turquía como evidencia de que los países de la región han concluido que no pueden confiar su seguridad a las «promesas» de Estados Unidos. La declaración, recogida por la agencia de noticias ISNA, convierte un acuerdo entre tres potencias de mayoría sunita en munición retórica para Teherán.
Baqaei describió el pacto como un arreglo «alternativo» construido sobre las propias capacidades y experiencias de los firmantes, «independientemente de las intervenciones destructivas de terceros». En su lectura, la presencia de seguridad que Washington dice proveer habría producido el efecto contrario: mayor inestabilidad. Añadió que cualquier arquitectura de seguridad regional debe considerar «las realidades históricas y geopolíticas de la zona» e identificar «correctamente al enemigo».
La declaración incluye, sin embargo, una cautela notable: Irán descartó que el acuerdo represente una amenaza para su propia seguridad. «Tenemos profundos lazos religiosos, históricos y de civilización con Turquía, Pakistán y Arabia Saudí, y no hay motivo para temer que este acuerdo sea perjudicial para Irán», afirmó el portavoz. El gesto revela la complejidad del tablero: Teherán no puede permitirse antagonizar simultáneamente a tres vecinos con los que mantiene vínculos estratégicos y comerciales.
En la misma rueda de prensa, Baqaei abordó el rechazo del primer ministro Netanyahu al plan de paz para Gaza propuesto por el presidente Trump. El portavoz iraní señaló que desde Teherán «siempre pusieron en duda» que el «régimen sionista» tuviera un interés real por acabar con los ataques. «Le toca al presidente de Estados Unidos responder», dijo, añadiendo que Washington «debe rendir cuentas» por el respaldo ofrecido a Israel durante el conflicto.
La yuxtaposición de ambos temas —el pacto trilateral y Gaza— no es casual. Irán construye un relato de coherencia: la misma potencia que, según Teherán, no garantiza la paz en Gaza tampoco puede garantizar la seguridad regional. Es un argumento diseñado para audiencias internas y para capitales que observan el reordenamiento del Oriente Medio con creciente cautela.
Conviene mirar los incentivos. El acuerdo entre Arabia Saudí, Pakistán y Turquía responde a lógicas propias —capacidades nucleares paquistaníes, peso demográfico turco, recursos saudíes— que no necesariamente implican un alejamiento de Washington. La administración Trump ha apostado por una diplomacia transaccional que puede coexistir con pactos regionales autónomos, siempre que no contradigan intereses centrales de Estados Unidos.
Lo que Teherán ofrece es una interpretación conveniente, no necesariamente la única válida. El dato importa más que el ruido: que tres aliados históricos de Occidente firmen un acuerdo de defensa propio no equivale a una ruptura con Washington. Pero sí señala que el mapa de seguridad del Gran Oriente Medio se está redibujando con más actores, más ejes y menos certezas. La historia sugiere cautela ante quien más rápido celebra ese desorden.

