El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) anunció el martes ataques contra Baréin, Jordania y tres buques que transitaban el Estrecho de Ormuz. Según un comunicado difundido por la agencia Fars News, afiliada al IRGC, el ataque en Baréin apuntó a la sede de la Quinta Flota de la Armada estadounidense, incendiando depósitos de combustible y destruyendo un radar del sistema de defensa Patriot, el radar de vigilancia aérea de la flota y un sistema de alerta temprana C-RAM.
Las Fuerzas de Defensa de Baréin respondieron que sus defensas aéreas interceptaron «un número de traicioneros ataques aéreos iraníes» y calificaron el uso deliberado de misiles y drones contra civiles y propiedad privada de «flagrante violación del derecho internacional humanitario». No se reportaron heridos en Baréin.
En Jordania, el IRGC afirmó haber golpeado «instalaciones y posiciones clave que albergan fuerzas estadounidenses en una base aérea que había sido utilizada para conducir ataques contra Irán». Una fuente militar jordana citada por la agencia estatal Petra informó que el ejército «interceptó y derribó con éxito cuatro misiles que penetraron el espacio aéreo jordano desde territorio iraní». Tampoco se reportaron heridos en ese frente.
En el Estrecho de Ormuz, dos de los tres buques atacados —el Mombasa y el Al Bahiyah, ambos vinculados a los Emiratos Árabes Unidos— se incendiaron brevemente, según informó la Associated Press. El Ministerio de Defensa emiratí confirmó que los ataques causaron la muerte de un marino y dejaron ocho heridos.
El trasfondo inmediato es una espiral de acciones cruzadas. El presidente Donald Trump ordenó el lunes ataques adicionales contra objetivos militares iraníes en respuesta a los ataques de Teherán contra el transporte marítimo comercial en el Estrecho de Ormuz. En una entrevista telefónica con Fox News, Trump declaró que Estados Unidos «tomará el control» del estratégico paso marítimo. «Los hemos estado aguantando durante 47 años. Cada presidente fue engañado, no hizo nada, y ellos se volvieron cada vez más poderosos. Esto debería haberse hecho hace 47 años», afirmó.
El dato importa más que el ruido. Lo que se desarrolla en el Estrecho de Ormuz no es un incidente aislado sino la prueba más concreta en décadas de que el régimen de Teherán está dispuesto a militarizar la arteria por la que fluye una porción significativa del comercio energético global. Atacar buques vinculados a los Emiratos —un socio de los Acuerdos de Abraham— y golpear simultáneamente la sede de la Quinta Flota y una base jordana es una escalada calculada, no una respuesta improvisada.
Conviene mirar los incentivos. Cada vez que el régimen iraní ha percibido vacilación occidental, ha ampliado su radio de acción. La postura de Washington —responder con ataques adicionales y señalar una eventual presencia permanente en el estrecho— rompe ese patrón. Si la declaración de Trump sobre «tomar el control» del estrecho se traduce en doctrina operativa, cambia la geometría de seguridad del Golfo de manera duradera. Los aliados regionales, los mercados de energía y los adversarios estratégicos de Pekín a Moscú tomarán nota. La historia sugiere cautela ante los anuncios en caliente; pero también sugiere que ignorarlos tiene un costo.

