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Oriente Medio y África

Irán ataca dos buques de ADNOC en Ormuz mientras el tráfico marítimo colapsa a 14 barcos diarios

Emiratos atribuye el ataque a la Guardia Revolucionaria iraní; desde el inicio del conflicto, al menos 18 buques de la petrolera emiratí han sido golpeados en el estrecho.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricaviernes 14 de agosto de 2026

Dos buques de la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi (ADNOC) fueron atacados en la noche del jueves 13 de agosto mientras transitaban por el estrecho de Ormuz. La empresa confirmó que el incidente no causó heridos y que la situación quedó «bajo control», aunque el daño al orden marítimo internacional es acumulativo y difícilmente reversible en el corto plazo.

El Ministerio de Exteriores de Emiratos Árabes Unidos atribuyó la acción a Irán y calificó los ataques de «actos de piratería» de la Guardia Revolucionaria iraní. Teherán no se pronunció sobre el incidente más reciente. El domingo anterior, otro buque cisterna había sido atacado en la misma ruta sin provocar víctimas.

Los números acumulados son elocuentes. Desde el inicio de la guerra que, según la fuente, lanzaron Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, al menos 18 buques de ADNOC han sido atacados en Ormuz; un tripulante ha muerto y otros 20 han resultado heridos. La plataforma de monitoreo marítimo Kpler registra que, antes del conflicto, unos 120 buques cruzaban el estrecho a diario; en los últimos días esa cifra se ha desplomado a 14. Según diversas plataformas de monitoreo, alrededor de 70 buques en total han sido atacados en el estrecho desde el inicio de la guerra.

Irán cerró el paso por Ormuz desde mediados de julio, tras nuevos bombardeos estadounidenses contra el sur de su territorio, a los que Teherán respondió atacando objetivos de Estados Unidos en países de Oriente Medio. El régimen iraní ha exigido el fin de la guerra, el levantamiento del bloqueo sobre sus puertos y buques, y la autorización para vender petróleo en mercados internacionales a cambio de reabrir el estrecho. Paralelamente, Irán insiste en cobrar tasas por servicios marítimos, de seguridad y medioambientales a los buques que crucen Ormuz, condición que Washington rechaza.

El Ejército iraní declaró ayer que mantiene el control del estrecho y calificó de «mentiras» las afirmaciones del presidente Donald Trump de que Estados Unidos domina la ruta. Irán sigue negociando con Omán, país ribereño, en una mediación cuyo resultado permanece incierto.

El dato importa más que el ruido. Lo que ocurre en Ormuz no es una disputa periférica: por ese estrecho transita una fracción decisiva del petróleo mundial, y cada barco que no cruza es un costo que pagan consumidores, empresas y economías enteras, no los gobiernos que ordenan los ataques. La estrategia iraní de convertir el estrecho en un peaje coercitivo —exigir tasas y condiciones políticas para garantizar el paso— es, en esencia, la nacionalización forzada de una vía marítima internacional. Que un régimen pueda sostener ese chantaje durante semanas sin consecuencias diplomáticas proporcionales revela cuánto ha erosionado el orden que durante décadas garantizó la libertad de navegación. Conviene mirar los incentivos: mientras el costo del cierre recaiga sobre terceros y no sobre Teherán, la lógica del bloqueo se perpetúa. La historia sugiere cautela ante negociaciones en las que una parte controla el grifo.

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