El representante permanente de Irán ante la ONU, Amir Saeid Iravani, exigió este viernes a Naciones Unidas que detenga los ataques de Estados Unidos y amenazó con no cumplir el acuerdo firmado en junio si Washington no respeta sus obligaciones.
Iravani compareció a las puertas del Consejo de Seguridad y afirmó que los recientes ataques estadounidenses van en contra de la Carta de Naciones Unidas. «Deben adoptar medidas eficaces y decisivas para detener el acto ilegal de agresión de Estados Unidos. Deben impedir cualquier nueva escalada», declaró. Añadió que la ONU debe garantizar que Washington «cumpla plenamente sus obligaciones y rinda cuentas por su agresión».
El detonante inmediato fue el ataque iraní contra dos buques de carga en el estrecho de Ormuz, que Washington consideró una violación del memorando de entendimiento firmado el 17 de junio. Estados Unidos reanudó entonces su ofensiva contra Teherán. Irán respondió bombardeando bases estadounidenses en Kuwait, Baréin y Jordania.
El embajador iraní reivindicó que la responsabilidad sobre el estrecho de Ormuz recae «exclusivamente» sobre su país y advirtió de que cualquier interferencia «pondrá en peligro la seguridad marítima y aumentará las tensiones regionales».
Sobre el acuerdo del 17 de junio —firmado para poner fin a la guerra, desbloquear el estrecho de Ormuz y abrir negociaciones sobre el programa nuclear iraní— Iravani fue explícito: «Irán sigue comprometido con la aplicación fiel del memorando de entendimiento, siempre que Estados Unidos cumpla plena y fielmente con sus obligaciones. Sin embargo, si continúa violando sus obligaciones en virtud del memorando, Irán dejará de estar obligado a cumplir con las suyas».
Tras dos días de ataques, el presidente Donald Trump dio por finalizado el acuerdo de alto el fuego y rechazó nuevas conversaciones con Irán. No obstante, ese mismo viernes Trump informó de que Washington mantendrá negociaciones con Teherán para poner fin al conflicto, aunque sin tregua.
La posición de Trump combina, así, la presión militar con la apertura diplomática condicionada: negociar, pero desde una posición de fuerza activa. Es una lógica coherente con la doctrina de máxima presión que ha definido su política exterior en la región.
Conviene mirar los incentivos. El estrecho de Ormuz no es un detalle geográfico: es el cuello de botella por el que transita una parte sustancial del petróleo mundial. Cada escalada allí se traduce en prima de riesgo energético para economías que dependen del comercio libre y de precios predecibles. Teherán lo sabe, y la amenaza sobre ese corredor es su palanca de negociación más eficaz. La historia sugiere cautela: los memorandos de entendimiento sin mecanismos de verificación robustos son, con frecuencia, pausa táctica antes de la siguiente ronda. El dato importa más que el ruido: mientras el acuerdo del 17 de junio carezca de garantías verificables, la amenaza de ruptura iraní no es retórica diplomática, sino el estado natural de un conflicto que no ha resuelto ninguna de sus causas estructurales.

