El Gobierno iraquí anunció este sábado un acuerdo de un año con Turquía para garantizar la continuidad de las exportaciones de petróleo a través del oleoducto Kirkuk-Ceyhan, con un límite máximo de 750.000 barriles diarios. El pacto fue suscrito de forma tripartita por la Compañía Estatal de Comercialización de Petróleo (SOMO) y la Compañía Petrolera del Norte, en representación de Irak, y por la empresa estatal turca BOTAŞ.
El primer ministro iraquí, Ali al Zaidi, calificó el acuerdo como «un importante logro estratégico para garantizar el flujo fluido de exportaciones de petróleo y fortalecer la cooperación económica» entre ambos países. La declaración llegó días después de que Bagdad y Ankara acordaran mantener el flujo de crudo pese a la expiración del convenio anterior, durante el viaje de Al Zaidi a Turquía la semana pasada.
El ministro de Petróleo, Basim Mohamed Khudair, confirmó la cifra del techo de exportación y señaló que se realizan esfuerzos para elevar ese volumen a 1,5 millones de barriles diarios mediante un nuevo acuerdo marco que deberá firmarse en el plazo de un año, según recogió la agencia oficial iraquí INA.
Al Zaidi indicó además que empresas iraquíes y turcas comenzarán a trabajar en esa dirección, mientras ambos gobiernos buscan «un acuerdo integral que abarque el petróleo, la electricidad, los recursos hídricos y otras áreas de cooperación». El oleoducto, que mide cerca de 1.000 kilómetros y opera desde 1976, conecta los yacimientos de Kirkuk con la terminal mediterránea de Ceyhan y representa una de las principales vías de exportación de crudo iraquí.
El acuerdo cobra relevancia estratégica porque esta ruta evita el estrecho de Ormuz, punto de estrangulamiento crítico en el Golfo Pérsico donde cualquier escalada regional puede interrumpir el tránsito de millones de barriles al día. Bagdad trabaja así para diversificar sus salidas de exportación y reducir la exposición a tensiones que escapan a su control directo.
Conviene mirar los incentivos. Para Irak, asegurar una ruta mediterránea estable no es solo un asunto de ingresos fiscales —el petróleo sostiene la mayor parte del presupuesto público— sino de margen de maniobra frente a los vaivenes de la geopolítica regional. Para Turquía, mantener activo el oleoducto refuerza su posición como corredor energético entre Oriente Medio y Europa, un papel que Ankara cultiva con creciente deliberación.
El dato importa más que el ruido diplomático: la ruta Kirkuk-Ceyhan tiene capacidad para 750.000 barriles diarios hoy y, si el acuerdo marco prospera, podría alcanzar 1,5 millones en el horizonte de un año. Eso es infraestructura real, no retórica de cumbre. La estabilidad jurídica del acuerdo —y la velocidad con que ambas partes avancen hacia el convenio integral— determinará si este anuncio se convierte en flujo sostenido de divisas o queda como una foto de cancillería.

