Una inundación repentina golpeó el sábado por la tarde el cañón de Bright Angel y la zona de Phantom Ranch, en el interior del Gran Cañón, dejando aproximadamente 15 personas desaparecidas o sin contactar, según el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS). La cifra inicial, de más de 20, fue revisada a la baja durante el domingo.
El fenómeno comenzó hacia las 14:30 hora local del sábado, provocado por lluvias sobre la meseta de Kaibab. El NPS reportó hasta el domingo por la mañana 62 personas evacuadas por aire desde el fondo del cañón, con más operativos previstos. No se han confirmado heridos ni muertes.
Los torrentes arrastraron rocas de gran tamaño, estructuras metálicas y otros escombros hasta el río Colorado, destruyeron puentes peatonales sobre el Bright Angel Creek y modificaron de forma significativa el paisaje: el lecho del arroyo se ensanchó y se formó lo que parece ser un nuevo rápido fluvial. Sitios turísticos populares —el campamento de Bright Angel, Phantom Ranch y tramos del sendero North Kaibab— permanecían cerrados el domingo mientras las autoridades del parque evaluaban los daños. Los viajes en balsa por el río Colorado también quedaron suspendidos.
Nikki Baggs, de 41 años, relató a la BBC que ella y sus dos amigas acababan de dejar sus pertenencias en una cabaña de Phantom Ranch cuando la crecida las sorprendió. «Todo fue aterrador», dijo. Guardabosques les indicaron correr hacia terrenos más altos en más de una ocasión antes de ser evacuadas hacia las 21:30 hora local. Baggs destacó «un esfuerzo singularmente coordinado» que, según dijo, les dio seguridad en una situación de riesgo.
Parth Desai, quien caminaba con un grupo de médicos y un guardaparque por un paso estrecho del cañón, describió a la agencia AP cómo el arroyo se desbordó de manera súbita: «Vimos el arroyo inundarse, cascadas que surgían de la nada; rocas, lodo, deslizamientos ocurriendo en todas partes». Jack Schmidt, director del Center for Colorado River Studies de la Universidad Estatal de Utah, señaló que el episodio «es un recordatorio de qué tan dinámico y activo es el paisaje del Gran Cañón».
El NPS trabaja de forma conjunta con el Departamento de Seguridad Pública de Arizona para completar la evacuación y ubicar a los desaparecidos, y pidió a la ciudadanía aportar información sobre excursionistas que estuvieran el sábado en el corredor de Bright Angel Creek. El organismo advirtió que se pronostican más tormentas y lluvias intensas para el domingo y el lunes, lo que podría generar «inundaciones repentinas adicionales, flujos de escombros, caída de rocas y condiciones cambiantes en senderos y ríos».
El Gran Cañón recibe unos cinco millones de visitantes al año y el sendero Bright Angel es el más transitado del parque, lo que explica la magnitud del operativo de rescate.
El episodio expone, más allá del drama humano, la fragilidad de una infraestructura pública —puentes, senderos, campamentos— construida para gestionar un flujo turístico masivo en un entorno geológicamente inestable. La respuesta coordinada entre el parque y las autoridades estatales de Arizona funcionó sin víctimas mortales reportadas, un dato que conviene subrayar frente al ruido de las cifras iniciales de desaparecidos, corregidas a la baja en menos de un día.
Queda pendiente, sin embargo, la reconstrucción de los puentes destruidos y la reapertura de senderos que sostienen buena parte de la actividad económica del parque. La historia sugiere cautela: los visitantes que optan por adentrarse en terrenos remotos asumen un riesgo que ninguna advertencia meteorológica elimina por completo, y la eficacia del rescate no debe leerse como garantía permanente frente a un paisaje que, como recordó Schmidt, sigue siendo profundamente dinámico.



