El presidente ucraniano Volodimir Zelensky acusó a Rusia de entregar al régimen iraní imágenes satelitales de posiciones militares estadounidenses en el golfo Pérsico, con el objetivo de mejorar la precisión de los ataques de Teherán contra el despliegue de Washington en la región.
Según Zelensky, los servicios de inteligencia ucranianos detectaron desde principios de julio una vigilancia activa de satélites rusos sobre los estados del Golfo y las instalaciones militares de Estados Unidos en Medio Oriente. El mandatario afirmó que existe «una clara correlación entre las imágenes que toman los satélites rusos y los ataques iraníes», tanto en la fase de preparación como en la de evaluación de daños.
El presidente ucraniano precisó que los días 19 y 20 de julio cuatro bases aéreas atacadas por Irán quedaron dentro del área de interés de satélites rusos: dos en Baréin, una en Jordania y una en Kuwait. Zelensky anunció además que ordenará compartir con los aliados de Kiev la información recabada sobre esta asistencia.
Las declaraciones llegaron horas después de que el presidente Donald Trump advirtiera a Rusia de que se abstuviera de participar en la guerra de Irán, aunque ese mensaje aludía específicamente a la distribución de armas, no a la entrega de imágenes satelitales ni a otro tipo de información de combate. La distinción no es menor: si la acusación ucraniana se verifica, Moscú habría encontrado un canal de apoyo operativo que elude la advertencia formal de Washington.
Trump sostuvo que si Rusia y China venden armas a Irán «sería muy perjudicial para ellos» y afirmó haber recibido garantías personales del presidente Vladimir Putin en ese sentido. El mandatario estadounidense también indicó que el líder chino Xi Jinping le aseguró en una reunión reciente en Beijing que bajo ninguna circunstancia entregaría ni vendería armas a Irán, incluidas las empresas chinas.
En paralelo, el Ejército de Estados Unidos interrumpió casi catorce días consecutivos de bombardeos a Irán. Trump ordenó no ejecutar nuevos ataques el viernes para «dar mayor espacio a la diplomacia», según informó Axios citando dos fuentes anónimas cercanas a la decisión. Un funcionario israelí declaró a la Corporación de Radiodifusión Israelí que el gobierno de ese país se preparaba para un «poderoso bombardeo» durante la noche anterior, pero que Trump lo postergó para dar a los iraníes «otra oportunidad de volver a la mesa de negociación».
El ministro de Sanidad iraní, Hossein Kermanpour, confirmó indirectamente la pausa al escribir en X que «afortunadamente, no se registró ningún ataque la última noche».
La coyuntura merece lectura fría. Si Moscú efectivamente transfirió inteligencia satelital a Teherán, el eje Rusia-Irán habría dado un salto cualitativo: ya no se trataría de apoyo político o retórico, sino de asistencia operativa directa contra fuerzas estadounidenses. Eso redefine los incentivos sobre la mesa diplomática y complica la posición de Trump, que acaba de recibir garantías verbales de Putin sobre la neutralidad rusa en el conflicto.
Conviene mirar los incentivos. Moscú tiene razones estructurales para desgastar a Washington en un segundo frente mientras la guerra en Ucrania continúa. La pregunta relevante no es si Rusia desea hacerlo, sino si Washington está dispuesto a responder con algo más que advertencias. El dato importa más que el ruido diplomático.

