Un grupo de intelectuales, escritores y artistas argentinos y franceses publicó una solicitada en la plataforma Change.org para pedir a la Alcaldía de París que declare al presidente Javier Milei «persona non grata» en la capital francesa. La petición, titulada «Javier Milei, persona non grata à Paris», reunió más de mil firmas en veinticuatro horas.
El documento llega días antes del viaje de Milei a París, previsto para el 30 de septiembre, cuando el mandatario participará de la Semana Argentina de París con el objetivo declarado de captar inversiones europeas.
Entre los firmantes figuran las escritoras Laura Alcoba, Caryl Férey y Alicia Dujovne Ortiz, el actor Nahuel Pérez Biscayart, los filósofos Miguel Benasayag y Pierre Dardot, los historiadores Diana Quattrocchi-Woisson, Pablo Stefanoni, Christophe Giudicelli y Olivier Compagnon, y políticos de izquierda como Martine Billard y Rodrigo Arenas, entre otros.
La solicitada describe la gestión de Milei como una «política de austeridad radical» y enumera, en su versión, consecuencias como la caída del poder adquisitivo, despidos en el sector público y recortes en universidades, salud y cultura. En el mismo párrafo, sin embargo, los firmantes admiten «el descenso de la inflación», un dato que reconocen incluso al formular su crítica.
El texto también consigna, como denuncias propias, el escándalo de la criptomoneda $LIBRA, presuntos sobornos de empresarios farmacéuticos a la Agencia Nacional de Discapacidad y el intento de femicidio atribuido, según los firmantes, al exasesor presidencial Fernando Cerimedo en Bolivia. Ninguno de estos señalamientos está confirmado por una instancia judicial citada en la solicitada; se trata de acusaciones formuladas por quienes suscriben el documento.
La carta dedica un apartado a la Casa Argentina en París, dirigida por el abogado Santiago Muzio. Los firmantes afirman que el desalojo de residentes «por motivos ideológicos» y la negativa de Muzio a firmar la carta de valores de la Ciudad Universitaria llevaron a las residencias de Japón, Canadá, Alemania y Dinamarca a suspender intercambios con la institución argentina. Según el documento, la Alcaldía de París pidió al gobierno francés investigar el uso de la Casa para reuniones de la ultraderecha europea.
El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, pertenece al Partido Socialista. La solicitada pide a la comuna declarar a Milei persona non grata, rechazar cualquier bienvenida oficial durante su estadía y reafirmar públicamente su «compromiso con los derechos humanos».
En la rueda de prensa del ministro de Europa y Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, una periodista de France-Presse preguntó por la polémica de la Casa Argentina y la petición. Barrot confirmó que la Alcaldía de París contactó al Ministerio por ambos temas y que hay conversaciones en curso con las autoridades argentinas y sus representantes en la capital francesa.
La iniciativa se produce mientras Milei intenta consolidar el respaldo de capitales europeos a su programa de ajuste fiscal, que ha logrado reducir la inflación de manera sostenida tras casi tres años de gestión, un punto que ni siquiera sus críticos más duros logran ocultar en su propio texto.
Conviene mirar los incentivos detrás de esta ofensiva simbólica. La solicitada no discute datos macroeconómicos —de hecho los concede— sino que apunta a deslegitimar políticamente a un gobierno que redujo el gasto público y abrió la economía en un momento en que busca capital extranjero. El intento de vetar a un presidente electo en una capital extranjera, antes incluso de que pise el territorio, dice más sobre la incomodidad ideológica de una izquierda europea acostumbrada a la ortodoxia del gasto que sobre los resultados verificables del programa argentino.
El dato importa más que el ruido: mientras se debate una etiqueta diplomática, la agenda real de Milei en París es atraer inversión privada. La historia sugiere cautela ante campañas de opinión que buscan sustituir el debate económico por la descalificación moral del adversario.



