El presidente Emmanuel Macron convocó para este lunes una reunión del gabinete de crisis en la sede del Ministerio del Interior, prevista para las 10.00 horas locales, con el objetivo de coordinar la respuesta a los incendios forestales que devastan el sur de Francia. Según informó el Elíseo, la reunión precederá a otros encuentros destinados a evaluar las consecuencias económicas del desastre.
Las cifras hablan por sí solas. Desde principios de año, 115.000 hectáreas han sido afectadas en territorio francés, una situación que el ministro del Interior, Laurent Nuñez, calificó de «excepcional» en entrevista con France 2. Solo en la región de Gironda, las llamas han arrasado 42.000 hectáreas desde el miércoles. Las autoridades advierten que el fuego «sigue avanzando», pese a que la cifra se mantuvo estable respecto al último informe disponible.
Más de 250.000 personas han sido obligadas a abandonar sus hogares, con la mayor concentración de evacuados en el departamento de Gironda, cuya capital, Burdeos, no se encontraba aún bajo orden de evacuación al cierre de esta edición. Las autoridades locales han comenzado a redirigir efectivos hacia el oeste del departamento, descrito como uno de los epicentros de industrias de ciencia y defensa nacionales.
El ministro Nuñez alertó de que Francia enfrenta actualmente entre 30 y 40 incendios al día. Los equipos de extinción llevan cinco noches consecutivas operando en Gironda. Durante las labores del domingo, nueve bomberos resultaron heridos, lo que eleva a 84 el total de efectivos heridos desde el inicio de los incendios, según indicaron las autoridades locales.
Conviene mirar los incentivos. Una emergencia de esta magnitud pone sobre la mesa una pregunta que los gobiernos europeos suelen postergar: cuánto del coste recae sobre el contribuyente ordinario y cuánto sobre los mecanismos de prevención y gestión forestal que, financiados con dinero público, deberían haber reducido la exposición al riesgo. El dato importa más que el ruido: 115.000 hectáreas en un solo año no es solo un fenómeno climático, es también el resultado acumulado de decisiones de política pública sobre uso del suelo, inversión en infraestructura de prevención y capacidad operativa de los cuerpos de emergencia.
La historia sugiere cautela ante los anuncios de gabinetes de crisis: la reunión de emergencia es, con frecuencia, la fotografía que sustituye al calendario de reformas estructurales. Francia dispondrá de semanas para demostrar si la respuesta va más allá de la gestión del momento y se traduce en cambios verificables en la política forestal y en la asignación de recursos preventivos. Los mercados y los ciudadanos que habitan las zonas afectadas esperan resultados, no solo comunicados.


