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Incendios en España: 85.000 hectáreas quemadas, 171.000 personas afectadas y solidaridad desde La Habana

Las llamas activas en Ávila, Madrid, Toledo y Castellón superan la capacidad de respuesta inmediata; cuatro países europeos y mediterráneos reforzaron los medios desplegados.
Imagen ilustrativa
Europalunes 27 de julio de 2026

Los incendios forestales que azotan varias provincias españolas han quemado al menos 85.000 hectáreas en los últimos días y han afectado a más de 171.000 personas entre evacuadas y confinadas, según datos oficiales citados este lunes.

En las provincias de Ávila, Madrid y Toledo, 90.949 personas han sido alcanzadas por las llamas o el humo: 63.152 fueron evacuadas y otras 27.797 permanecen confinadas. En Castellón, un incendio separado que quemó al menos 7.200 hectáreas mantiene a 16.000 personas evacuadas y a unas 64.000 confinadas.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, advirtió este lunes que «quedan horas difíciles, complejas» para combatir los focos activos. Las autoridades desplegaron unos 400 efectivos terrestres y 25 aéreos, aunque el humo ha impedido operar con medios aéreos de forma continua, según los reportes oficiales.

Grecia, Italia, Portugal y Turquía enviaron apoyo de medios terrestres y aéreos para reforzar la respuesta española. La coordinación internacional refleja la escala del desastre y la insuficiencia de los recursos nacionales ante un frente tan extenso.

Desde La Habana, el canciller cubano Bruno Rodríguez expresó en redes sociales «sincera solidaridad con el pueblo y el Gobierno de España» y reiteró «la cercanía y apoyo en estos momentos difíciles». El gesto diplomático del régimen cubano —un gobierno que enfrenta sus propias crisis de infraestructura y abastecimiento— no pasa desapercibido: La Habana ofrece palabras donde otros aliados europeos aportan aviones y brigadas.

El dato importa más que el ruido. Lo que revelan estas horas es la presión que ejercen los grandes incendios sobre los sistemas de gestión de emergencias: 85.000 hectáreas en pocos días exigen una cadena de mando ágil, presupuesto preventivo y coordinación interinstitucional que no puede improvisarse cuando el fuego ya avanza.

Conviene mirar los incentivos. La prevención forestal —desbroce, cortafuegos, gestión del monte— es costosa y políticamente invisible en tiempos ordinarios; su ausencia se vuelve catastrófica en verano. El coste para el contribuyente español de reconstruir lo quemado, reubicar a los evacuados y compensar pérdidas superará con creces cualquier inversión preventiva que se hubiera postergado. La historia sugiere cautela ante los gobiernos que recortan partidas de emergencia en nombre del ajuste y luego facturan la factura de los desastres a los mismos ciudadanos que financian el Estado.

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