El incendio declarado en Los Gallardos, municipio de la provincia de Almería, ha dejado doce víctimas mortales y ha calcinado 6.600 hectáreas, según el balance oficial comunicado este viernes 11 de julio. Las labores de búsqueda continúan, aunque las autoridades han pedido cautela a la hora de hablar de desaparecidos.
El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, ha intercambiado información con sus homólogos de Reino Unido, Bélgica, Canadá y Países Bajos. En los casos británico y belga, el intercambio incluyó datos concretos sobre la situación de sus respectivos nacionales afectados, y ambas partes acordaron mantenerse en contacto ante cualquier evolución del siniestro. Los cuatro países transmitieron su solidaridad y condolencias a las víctimas y sus familias.
El consejero andaluz de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, aclaró desde el Puesto de Mando Avanzado que la veintena de personas «ilocalizadas» temporalmente no equivale a desaparecidos en sentido estricto. Las denuncias formales por desaparición se mantienen en siete. Sanz subrayó que muchas de las llamadas de familiares corresponden a ciudadanos extranjeros con quienes podrían llevar tiempo sin mantener contacto, y reclamó prudencia para no trasladar «una cifra de desaparecidos que no es real», según sus propias palabras.
La dimensión internacional del desastre —con nacionales de al menos cuatro países involucrados— refleja la alta concentración de residentes extranjeros en la costa almeriense, zona que durante décadas ha atraído jubilados y propietarios del norte de Europa atraídos por el clima y el coste de vida. Esa realidad demográfica convierte cualquier emergencia local en un asunto de coordinación consular multilateral casi de forma automática.
Conviene mirar los incentivos. La gestión de la comunicación en catástrofes de esta magnitud enfrenta dos presiones opuestas: la urgencia de los familiares que exigen información inmediata y la responsabilidad institucional de no amplificar el pánico con cifras no verificadas. El equilibrio entre ambas es, en sí mismo, un indicador de la capacidad del aparato de emergencias para funcionar bajo presión.
El dato importa más que el ruido. Con doce muertos confirmados y siete desapariciones formalmente denunciadas, la tragedia es ya de primer orden. Lo que sigue siendo incierto —el paradero de la veintena de ilocalizados— se resolverá en las próximas horas. La solidaridad diplomática expresada por varios gobiernos es un gesto esperado; lo que determinará la valoración final es la velocidad y transparencia con que las autoridades españolas completen el censo de afectados extranjeros y lo comuniquen a sus respectivos países.


