Donald Trump calificó este domingo de «fuerzas negativas» a quienes piden regular la inteligencia artificial, al responder a las advertencias de Dario Amodei, fundador de Anthropic, sobre los riesgos de acelerar demasiado su desarrollo.
El presidente de Estados Unidos dijo en Irlanda que su país debe mantener el liderazgo tecnológico frente a China. «Estamos liderando ante China en IA. Somos el país más sofisticado del mundo. Y, francamente, quiero mantenerlo de esa manera porque quien gane con la IA, gana», afirmó, según reseñó EFE.
Amodei había pedido ralentizar el ritmo de desarrollo de los modelos más avanzados y sostuvo que la industria necesita más tiempo para gestionar riesgos de seguridad. Entre ellos mencionó posibles ciberataques, bioterrorismo, pérdida de control de los sistemas y disrupción económica. También reclamó evaluaciones independientes y una mayor participación del gobierno.
La discusión escaló cuando China reaccionó con su propia advertencia. El jefe de los servicios de inteligencia de China señaló que «fuerzas hostiles» están abusando de la IA generativa para «fabricar rumores políticos y difundir información perjudicial».
En un artículo publicado en internet, Chen Yixin dijo que esas tecnologías lanzan «guerras de opinión pública y guerras cognitivas contra China», y que amenazan su «seguridad política, institucional e ideológica». Añadió que la inteligencia artificial es «el principal campo de batalla de la competencia tecnológica mundial» y un nuevo terreno de rivalidad estratégica entre grandes potencias.
Pekín, sin embargo, rechazó el llamado de Amodei a frenar el desarrollo tecnológico. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China instó a «promover un enfoque abierto, inclusivo y benevolente hacia la IA», mientras su vocero, Guo Jiakun, advirtió que fomentar amenazas y confrontaciones «solo perturbará el proceso de gobernanza global de la inteligencia artificial».
El debate tampoco quedó limitado a Washington y Pekín. Mike Johnson rechazó una moratoria de emergencia de la IA, y Hakeem Jeffries pidió al Congreso actuar con urgencia para ralentizarla. En paralelo, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió una «acción urgente» y dijo que esta tecnología amenaza «todos los derechos humanos», «incluido el derecho a la vida».
Conviene mirar los incentivos. Cuando dos potencias compiten por la hegemonía tecnológica, el impulso a regular suele llegar tarde y con el lenguaje de la cautela, pero también con el reflejo de preservar ventajas nacionales. Lo que está en juego no es solo el ritmo de innovación, sino quién fija las reglas de una infraestructura que ya toca la seguridad, la industria y la información.
La historia sugiere cautela. Si la IA avanza sin salvaguardas reales, el costo recaerá sobre ciudadanos, empresas y gobiernos que enfrentarán más riesgo con menos capacidad de control. Si se la estrangula por temor o por cálculo geopolítico, el resultado puede ser menos competencia, más concentración y más poder para quienes ya dominan la tecnología. El equilibrio será difícil, pero el mercado y las instituciones no pueden quedar como espectadores de una carrera que afecta el orden internacional.


