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Oriente Medio y África

Hutíes atacan el puerto de Moca con más de 20 misiles y drones en la peor escalada desde 2022

El asalto al enclave estratégico junto al estrecho de Bab al Mandeb eleva la tensión en el mar Rojo y amenaza con reactivar una guerra que lleva activa desde 2014.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricalunes 10 de agosto de 2026

Los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, lanzaron este domingo más de 20 misiles y varios drones de forma simultánea contra el puerto de Moca, ciudad histórica bajo control de fuerzas leales al Gobierno reconocido internacionalmente. Los proyectiles fueron disparados desde zonas controladas por los rebeldes en la provincia de Taiz, en el suroeste del país, y provocaron «fuertes explosiones», según informó la televisión estatal yemení.

Hasta el cierre de esta edición no se había confirmado víctimas ni la magnitud exacta de los daños materiales. Las defensas aéreas gubernamentales lograron derribar dos drones, de acuerdo con la misma fuente, que difundió imágenes de columnas de humo sobre la ciudad.

Moca no es un objetivo cualquiera. La ciudad portuaria se ubica en la provincia de Taiz y a escasa distancia del estrecho de Bab al Mandeb, el corredor marítimo que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y por el que transita una fracción significativa del comercio global. Quien controla ese punto controla una palanca de presión sobre las cadenas de suministro internacionales.

El ataque se inscribe en lo que el enviado especial de la ONU para Yemen, Grundberg, describió este viernes como «el mayor riesgo de reactivación» del conflicto desde 2022, año en que el Gobierno y los hutíes acordaron una tregua que se ha mantenido en gran medida hasta ahora. Los combates de los últimos días se han concentrado también en las provincias orientales de Marib y Hadramut, donde los ataques hutíes han causado la muerte de decenas de militares yemeníes, así como de civiles y desplazados.

Las Fuerzas Armadas yemeníes regulares respondieron ayer con un comunicado en el que prometieron actuar «en el momento y lugar adecuados» para disuadir nuevos ataques y proteger a la población civil. Arabia Saudí, que desde 2015 lidera la coalición militar en apoyo al Gobierno de Saná, sigue siendo el principal contrapeso externo a la expansión hutí; los rebeldes, por su parte, la acusan de haber bombardeado el aeropuerto internacional de Saná a mediados del mes pasado.

El dato importa más que el ruido. Lo que ocurre en Moca no es un episodio aislado de una guerra periférica: es la reanudación activa de un conflicto que ya demostró, entre 2023 y 2024, su capacidad para interrumpir rutas comerciales y encarecer los fletes globales. Cada misil lanzado contra un puerto en el mar Rojo es también un misil contra la previsibilidad que necesitan los mercados y las empresas que operan en la región.

Conviene mirar los incentivos. Irán sostiene a los hutíes como instrumento de proyección regional; los hutíes obtienen legitimidad interna y capacidad de negociación; y el Gobierno yemení, pese al respaldo saudí, enfrenta una presión militar creciente sobre sus activos más valiosos —puertos, yacimientos energéticos, corredores logísticos—. La historia sugiere cautela: cada escalada en Yemen ha tardado más en contenerse de lo que los actores externos calcularon. La pregunta no es si la tregua de 2022 ha muerto, sino a qué velocidad se deteriora lo que queda de ella.

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