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Oriente Medio y África

Hutíes atacan dos petroleros saudíes en el mar Rojo y el golfo de Adén

El portavoz militar del grupo respaldado por Irán prometió intensificar los ataques contra buques de Arabia Saudita «sin importar los resultados ni las consecuencias». Una nueva amenaza al tráfico energético global.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricamiércoles 5 de agosto de 2026

Los rebeldes hutíes de Yemen reivindicaron este miércoles un ataque contra dos petroleros de Arabia Saudita en aguas estratégicas del mar Rojo y el golfo de Adén. Según el portavoz militar del grupo, Yahya Sarea, los buques Wafa y Daisy fueron alcanzados en operaciones separadas con misiles balísticos.

Sarea afirmó en un mensaje televisado que el Wafa fue impactado frente a la costa de Yanbu, en el norte del mar Rojo. Horas después, un segundo comunicado del mismo portavoz indicó que el Daisy fue atacado en el golfo de Adén.

«Continuaremos e intensificaremos los ataques contra los petroleros saudíes en el norte del mar Rojo», declaró Sarea, quien subrayó que la organización pretende impedir el paso de esas embarcaciones «sin importar los resultados ni las consecuencias».

El movimiento, respaldado por Irán, sostiene que la campaña constituye un bloqueo marítimo impuesto a Arabia Saudita en respuesta a lo que describe como restricciones de Riad sobre zonas bajo control hutí en Yemen. El grupo también invoca los ataques contra infraestructura en Saná y la intervención militar saudí en el conflicto yemení como justificación de sus operaciones.

El corredor del mar Rojo y el golfo de Adén concentra una fracción significativa del comercio marítimo global de hidrocarburos. Los ataques hutíes a la navegación comercial en esa ruta se han extendido durante los últimos años, elevando los costos de seguro y transporte para armadores y refinadores que dependen del paso por el estrecho de Bab el-Mandeb.

El dato importa más que el ruido. La amenaza hutí no es nueva, pero la declaración explícita de intensificar los ataques —y la elección de objetivos saudíes en dos puntos geográficos distintos y simultáneos— señala una escalada deliberada. El patrón responde a una lógica de proxy: Irán gana influencia regional y presión sobre Riad sin comprometer tropas propias, mientras el coste recae sobre las cadenas de suministro energético globales y, en última instancia, sobre consumidores y empresas que dependen de ese flujo.

Conviene mirar los incentivos. Arabia Saudita es un actor central en la estabilidad de los mercados petroleros; cualquier perturbación sostenida de sus exportaciones marítimas tiene consecuencias que trascienden la coyuntura regional. La historia sugiere cautela ante declaraciones de grupos que han demostrado capacidad operativa real para interrumpir rutas que el libre comercio internacional necesita abiertas. El orden en el mar Rojo no se sostiene solo con comunicados: requiere disuasión creíble y coordinación entre las potencias con interés en mantener esa arteria abierta.

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