El Ministerio de Salud de Francia anunció este jueves que una persona franco-argentina que estuvo de turismo en Francia durante la segunda quincena de julio dio positivo de hantavirus de la cepa Andes. El paciente fue aislado junto con su familia en España, donde se encontraba al momento del diagnóstico.
El caso fue confirmado por el Centro Nacional de Referencia de Hantavirus de Francia, que identificó la cepa Andes. Las autoridades francesas precisaron que el paciente, que presentaba pocos síntomas al momento del diagnóstico, «ya no presenta ninguno». El ministerio convocó este mismo jueves a un grupo de expertos científicos para definir los pasos a seguir.
Las autoridades pusieron en marcha «todas las medidas» para «reconstruir las distintas etapas» del recorrido del turista. Además, se activó una coordinación a escala europea para el seguimiento del caso y de los posibles contactos estrechos del paciente. Hasta el momento de esta publicación, el Ministerio de Sanidad de España no había emitido un comunicado propio sobre el caso.
La cepa Andes es la única conocida con capacidad de transmisión entre personas tras contactos estrechos y prolongados. El resto de las cepas de hantavirus se transmiten principalmente por contacto directo con roedores. Las autoridades francesas subrayaron que, por el momento, no se trata de un virus con circulación extendida en la población.
El antecedente inmediato es relevante. El 1 de abril de este año, el crucero MV Hondius, que había zarpado del puerto argentino de Ushuaia con destino a Cabo Verde, fue escenario de un brote de hantavirus con 13 casos vinculados, tres de los cuales terminaron en muerte. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio por finalizado ese brote el 2 de julio, una vez que la última persona involucrada completó su período de cuarentena.
El hantavirus es un virus poco frecuente para el que no existe vacuna ni tratamiento específico. Las decenas de miles de infecciones que se registran cada año en el mundo provienen en su gran mayoría de transmisión directa desde animales, generalmente roedores.
Conviene mirar los incentivos que este caso pone sobre la mesa. Europa no es territorio endémico de la cepa Andes; su aparición en el continente, aunque sea en un único paciente recuperado, obliga a los sistemas sanitarios a activar protocolos de rastreo que consumen recursos públicos y exigen coordinación transfronteriza. El dato importa más que el ruido: el riesgo inmediato para la población general es bajo según las propias autoridades, pero la ausencia de vacuna y de tratamiento específico convierte cada caso importado de esta cepa en una prueba de estrés para la vigilancia epidemiológica. La respuesta rápida de Francia y la coordinación europea son, en este contexto, la única línea de defensa disponible.

