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Oriente Medio y África

Guardia Revolucionaria reivindica ataque en Jordania y amenaza con más misiles contra instalaciones de EE.UU.

Teherán afirma haber destruido un sistema de radares y un F-15; Amán confirma solo la interceptación de cinco drones sin víctimas ni daños materiales.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricamartes 21 de julio de 2026

La Guardia Revolucionaria de Irán reivindicó este martes un nuevo ataque contra instalaciones militares estadounidenses en Jordania, enmarcándolo como parte de una operación destinada a «completar una noche negra para los radares enemigos para allanar el camino a nuevos ataques con misiles y drones». El organismo afirmó haber golpeado «un sistema de radares defensivos» en territorio jordano y aseguró haber destruido un F-15.

El Ejército de Jordania ofreció una versión sustancialmente distinta. En un comunicado, señaló la «neutralización eficiente y precisa» de «cinco drones lanzados desde Irán» y subrayó que las operaciones «no han provocado víctimas humanas o daños materiales». Amán añadió que seguirá supervisando su espacio aéreo «para hacer frente a cualquier objeto aéreo que suponga una amenaza».

La cadena pública iraní IRIB recogió el mensaje de la Guardia Revolucionaria: «Esta región no es lugar para los agresores estadounidenses». El comunicado exigió además que «el infanticida Ejército estadounidense abandone nuestra región para evitar más víctimas», según la misma fuente.

El episodio se inscribe en una escalada que ya cobró vidas. Estados Unidos confirmó durante el fin de semana la muerte de dos militares en un ataque previo contra una base aérea en Jordania; un tercer soldado permanece desaparecido y en el lugar se hallaron «restos no identificados» cuya identidad no ha sido confirmada oficialmente.

Washington lleva varios días lanzando ataques contra Irán alegando violaciones del memorando de entendimiento vigente entre ambas partes. Teherán rechaza esa interpretación, denuncia violaciones del alto el fuego por parte estadounidense y responde con golpes contra intereses de EE.UU. en la región. El ciclo de acción y represalia ha alimentado el temor a un colapso de las negociaciones orientadas a un acuerdo de paz.

La brecha entre los relatos —destrucción de un F-15 según Teherán, cinco drones interceptados sin daños según Amán— ilustra la dificultad de establecer una verdad de campo cuando cada actor tiene incentivos para inflar o minimizar los resultados. El dato que sí permanece fuera de disputa es el más grave: dos soldados estadounidenses muertos y un tercero sin confirmar.

Conviene mirar los incentivos. La Guardia Revolucionaria necesita demostrar capacidad de respuesta ante su propia audiencia interna; Jordania, socio de Washington y Estado soberano cuyo espacio aéreo fue violado, tiene razones para moderar el tono y evitar una espiral que desborde su territorio. EE.UU., por su parte, enfrenta la presión de proteger a su personal desplegado sin cerrar definitivamente la ventana diplomática. El margen para que una escalada táctica se convierta en colapso estratégico es más estrecho de lo que los comunicados oficiales sugieren. La historia aconseja cautela: en esta región, los malentendidos operacionales han tenido consecuencias que ninguna de las partes buscaba.

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