La Guardia Revolucionaria de Irán afirmó el lunes que dos petroleros «explotaron y quedaron inmovilizados» el domingo por la noche en el estrecho de Ormuz, tras intentar transitar por una ruta que Teherán califica de «insegura y peligrosa». El comunicado, difundido por la agencia Tasnim, no proporcionó detalles sobre la identidad de los buques, las causas de las explosiones ni informó de posibles víctimas.
El cuerpo de élite iraní describió a los buques como «infractores» que actuaban, según su versión, «por instigación y coacción» de Estados Unidos. Asimismo, advirtió que la presencia militar estadounidense en la región «carece de toda legitimidad legal» y que responderá «con firmeza» a cualquier intervención. La advertencia central fue explícita: mientras continúen las acciones de Washington en la zona, el paso por Ormuz «no será seguro» para el tránsito de mercancías, petróleo y gas.
Horas antes del comunicado iraní, la agencia británica de Operaciones Comerciales Marítimas del Reino Unido (UKMTO), que monitorea la seguridad de la navegación, reportó que una embarcación se encontraba en llamas a ocho millas náuticas al noroeste de Kumzar, en aguas de Omán. La UKMTO precisó que la causa del incendio aún no había sido verificada.
El contexto es relevante. La tensión en el estrecho se ha agudizado desde el 11 de julio, cuando se registró una nueva escalada que incluyó ataques estadounidenses contra el sur del territorio iraní y operaciones de represalia de Teherán contra objetivos estadounidenses en varios países de Oriente Medio. El martes previo al incidente, Washington reimpuso el bloqueo naval sobre buques y puertos iraníes en Ormuz, dos días después de que Teherán anunciara un nuevo cierre del paso marítimo. A principios de julio, Omán habilitó una segunda ruta con apoyo de Estados Unidos, precisamente para reducir la dependencia del corredor que Irán pretende controlar.
Irán sostiene que los buques deben navegar únicamente por las rutas que considera autorizadas y con su aprobación. Estados Unidos y otros países de la región rechazan esa postura. Por el estrecho de Ormuz transitaba, antes del conflicto, alrededor del 20 % del petróleo mundial.
El dato importa más que el ruido. Lo que está en juego no es una disputa técnica sobre rutas de navegación: es la pretensión de Teherán de convertir un paso marítimo internacional en un peaje bajo soberanía iraní. Cada buque inmovilizado, cada amenaza sobre el tráfico energético, es una demostración de que el régimen de los ayatolás está dispuesto a usar la infraestructura global del comercio como instrumento de presión política.
Conviene mirar los incentivos. La reposición del bloqueo naval por parte de Washington y la habilitación de rutas alternativas con apoyo de Omán son señales de que la estrategia estadounidense apunta a reducir el poder de veto iraní sobre el estrecho, no a negociar con él. La historia sugiere cautela: cada escalada en Ormuz se traduce en volatilidad en los mercados energéticos, con costos reales para economías que dependen de ese flujo. La firmeza frente a la extorsión marítima es, en este caso, también una defensa del orden económico internacional.

