El general Hosein Mohebí, portavoz de la Guardia Revolucionaria iraní, declaró este sábado que la reapertura del estrecho de Ormuz depende de que Estados Unidos «acepte plenamente las condiciones de Irán y deje de interferir en el proceso de negociaciones regionales». La declaración fue recogida por la agencia Tasnim durante una visita del oficial a la provincia sureña de Hormozgan, en las inmediaciones del estrecho.
Mohebí no detalló a qué condiciones se refería, pero fue categórico: «En el momento en que Estados Unidos acepte las condiciones de Irán, el estrecho de Ormuz será reabierto, sin duda». El alto cargo subrayó además que Ormuz no es solo una ruta económica, sino «un elemento de poder geográfico y estratégico» para la República Islámica.
El vocero castrense precisó que la decisión sobre la reapertura responde «exclusivamente a los mecanismos y condiciones establecidos por la República Islámica» y que la cuestión no está vinculada a las negociaciones en curso entre Teherán y Mascate.
En paralelo, las autoridades iraníes informaron haber alcanzado un acuerdo con Omán sobre las características geográficas de una nueva ruta de navegación en el estrecho. Según la versión iraní, esa ruta temporal discurrirá parcialmente por aguas territoriales de ambos países y permitirá el tránsito de buques comerciales bajo un nuevo esquema de gestión. Irán y Omán se encontrarían en la fase final de elaboración de una declaración conjunta. Sin embargo, Teherán ha reiterado en los últimos días que un eventual acuerdo con Omán no supondrá por sí solo la reapertura inmediata del estrecho.
El contexto es de escalada sostenida. Irán anunció a mediados de julio un nuevo cierre del estrecho, por donde antes del conflicto transitaba el 20 % del crudo mundial, en medio de ataques cruzados con Estados Unidos. Washington respondió restableciendo el bloqueo naval sobre puertos y buques iraníes, lo que paralizó las negociaciones entre ambas partes en el marco del memorando de entendimiento para la paz firmado el 17 de junio.
El dato importa más que el ruido. Teherán ha separado deliberadamente dos planos que el mundo exterior tiende a fusionar: el técnico, representado por el acuerdo con Omán sobre rutas de navegación, y el político, que Irán reserva como palanca de presión directa sobre Washington. Al mantener ambos planos disociados, la Guardia Revolucionaria conserva el control del calendario y evita que cualquier avance diplomático periférico se traduzca en alivio para los mercados de energía sin contrapartida política.
Conviene mirar los incentivos. Para Teherán, Ormuz no es solo geografía: es el único activo de disuasión que puede activar con coste relativamente bajo para sí mismo y con impacto inmediato sobre los precios globales del crudo. Mantenerlo cerrado —o condicionalmente abierto— le otorga una posición negociadora que ningún otro instrumento de su arsenal le garantiza. La historia sugiere cautela ante declaraciones que mezclan ultimátums sin contenido con señales de apertura técnica: el patrón iraní ha sido, sistemáticamente, prolongar la ambigüedad el tiempo suficiente para extraer concesiones antes de cualquier distensión verificable.

