Donald Trump ha pasado de las amenazas a un acuerdo de seguridad con Dinamarca y Groenlandia que, según los funcionarios citados en la fuente, daría a Estados Unidos acceso militar permanente, derechos de estacionamiento y de sobrevuelo en la isla.
Marco Rubio dijo que el pacto mantiene a Groenlandia dentro del área de defensa estratégica de América del Norte y excluye a adversarios como Rusia y China. El acuerdo todavía requiere la aprobación de los legisladores daneses y groenlandeses. Sus términos completos no se han hecho públicos, pero los funcionarios señalaron que dejaría a Groenlandia bajo soberanía danesa y prohibiría que China, Rusia y otros adversarios no pertenecientes a la OTAN establezcan bases militares o realicen ciertas inversiones sensibles en la isla.
Groenlandia rara vez ocupa el centro del debate global. Pero su peso crece a medida que el hielo ártico se derrite y las grandes potencias compiten por influencia. La isla, territorio semiautónomo de Dinamarca, alberga una base militar clave de Estados Unidos y se sitúa cerca de nuevas rutas de transporte y de depósitos minerales críticos.
La población de Groenlandia es de aproximadamente 56.000 habitantes, repartidos en cinco municipios, con la mayoría viviendo en pequeños pueblos costeros. Cerca del 80% de la isla está cubierto por una capa de hielo, lo que deja gran parte de su vasto interior deshabitado. Pese a su población reducida, Groenlandia tiene un tamaño casi equivalente al de Alaska y Texas combinados.
Su ubicación frente a la costa nororiental de Canadá sitúa a Groenlandia en el centro de la planificación defensiva del Ártico. Estados Unidos mantiene desde 1953 un puesto militar en el noroeste de la isla, en Pituffik Space Base, que ahora opera la Fuerza Espacial estadounidense. Rusia también mantiene instalaciones militares en la región, mientras China ha buscado mayor acceso desde que se declaró «estado cercano al Ártico» en 2018.
El retroceso del hielo ártico está abriendo rutas marítimas alrededor de la isla que podrían acortar las rutas comerciales entre América del Norte, Europa y Asia. El cambio del paisaje también ha atraído la atención sobre las tierras raras de Groenlandia y otros minerales críticos utilizados en tecnología, energía renovable y sistemas militares.
Las tierras raras son especialmente importantes en imanes de alto rendimiento usados en vehículos eléctricos, turbinas eólicas, generadores y sistemas de guiado de precisión. También se emplean en guiado de misiles, radares, sonar, satélites y aeronaves avanzadas.
Aquí está el punto central: Groenlandia no importa por romanticismo geopolítico, sino porque concentra incentivos estratégicos muy concretos. Conviene mirar los incentivos. Cuando el hielo retrocede y China domina la cadena global de tierras raras, el valor de la isla sube para cualquier potencia que quiera asegurar rutas, bases y materiales críticos.
Para Washington, el desafío es claro: proteger su posición en el Ártico sin ceder terreno a rivales que operan con una paciencia mucho mayor que la política doméstica. Para Dinamarca y Groenlandia, la discusión no es solo sobre soberanía formal, sino sobre quién define las reglas de acceso, inversión y defensa en una zona cada vez más disputada. El dato importa más que el ruido.

