El fin de semana del Día del Trabajo dejó un registro incómodo para la economía doméstica de millones de estadounidenses: el promedio nacional de gasolina regular alcanzó 4,15 dólares el galón el martes posterior al feriado, según los datos recogidos por la fuente. Eso superó el récord anterior del Día del Trabajo, fijado en 3,82 dólares en 2012, y marcó la primera vez que el promedio nacional topó los cuatro dólares durante ese período festivo.
La AAA estimó que cerca de 40 millones de estadounidenses conducirían durante el feriado, pagando precios sin precedente en el surtidor. El alza acumulada respecto al año anterior ronda los 96 centavos por galón, una diferencia que se siente con fuerza en presupuestos familiares ya ajustados.
El factor Irán
El mecanismo detrás del precio es conocido pero no por eso menos costoso. El conflicto en Medio Oriente elevó la preocupación por posibles interrupciones en el flujo de crudo a través del Estrecho de Ormuz, la vía marítima entre Irán y Omán por la que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo crudo mundial. Esa incertidumbre mantuvo el precio del crudo cerca de 90 dólares el barril, neutralizando la caída estacional que normalmente sigue al Día del Trabajo cuando la demanda de viajes se modera.
El resultado: el alivio habitual de septiembre no llegó.
Geografía del dolor
Los precios no golpean por igual. California registró el promedio más alto del país con 5,78 dólares el galón, seguida de Washington con 5,47 e Hawái con 5,41. Oregon, Alaska y Nevada superaron también los 4,90 dólares. En el extremo opuesto, Indiana ofreció la gasolina más barata del país a 3,44 dólares, seguida de Texas.
La brecha entre costas ilustra cómo la regulación estatal y la infraestructura de refinación amplifican o amortiguan los choques externos en el precio del crudo.
El desafío político
Para el presidente Trump, los números llegan en un momento sensible. Su campaña prometió llevar la gasolina por debajo de los dos dólares el galón, y la expansión de la producción doméstica de petróleo y gas se convirtió en un eje central de su agenda económica. El secretario del Tesoro Bessent se mostró «optimista» en declaraciones recientes sobre la posibilidad de que la gasolina regrese a tres dólares el galón este verano, según recoge la fuente. Sin embargo, mientras el conflicto con Irán sostenga el crudo cerca de 90 dólares, ese escenario permanece incierto.
Con las elecciones de mitad de período en noviembre en el horizonte, la asequibilidad —ya tensionada por costos elevados en múltiples rubros— se perfila como uno de los ejes del debate electoral.
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Conviene mirar los incentivos. Un precio de la energía que castiga al consumidor en el surtidor es, antes que nada, un impuesto implícito sobre la movilidad y el comercio: encarece el transporte, presiona márgenes y reduce el poder adquisitivo real sin que ningún Congreso haya votado por ello. La producción doméstica es la respuesta estructural correcta, pero sus frutos toman tiempo; los precios del crudo responden hoy a la geopolítica del Estrecho de Ormuz. El dato importa más que el ruido: mientras ese corredor permanezca bajo presión, ninguna política energética nacional, por bien diseñada que esté, puede aislar completamente al consumidor americano del costo de la inestabilidad en Medio Oriente.



