La exportación de ganado sonorense hacia Estados Unidos por la estación cuarentenaria de Agua Prieta se reanudará el martes 8 de septiembre, una vez concluyan los trabajos de sustitución del equipo de inspección que obligó a suspender nuevamente las operaciones.
La Unión Ganadera Regional de Sonora (UGRS) informó que el servicio permanecerá detenido hasta instalar un nuevo chute de inspección, después de que el equipo utilizado por personal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) presentara anomalías que representaban un riesgo tanto para los trabajadores como para el ganado.
La suspensión ocurrió el viernes 28 de agosto, apenas días después de que la exportación por esta frontera había logrado reanudarse tras un cierre previo. El nuevo parón representa otro golpe para los productores sonorenses que dependen de esta vía para colocar sus animales en el mercado estadounidense.
Según el presidente de la UGRS, Juan Carlos Ochoa Valenzuela, el responsable de la obra estima que la instalación del nuevo equipo y el fraguado de los pisos requerirán entre tres y cuatro días. A ello se suma que el lunes 7 de septiembre es día feriado en Estados Unidos por Labor Day, por lo que las operaciones están programadas para reiniciarse el martes 8, retomando las citas que ya estaban agendadas antes del cierre.
La organización ganadera señaló que esta situación refuerza sus gestiones para que se considere la apertura de la cuarentenaria de Nogales, al argumentar que esas instalaciones cuentan con la infraestructura necesaria para realizar los protocolos de recepción y preinspección del ganado. Indicó además que se están tomando decisiones para resolver de fondo el problema técnico y evitar que el esfuerzo de productores y personal vuelva a detenerse. La UGRS se comprometió a informar sobre los avances de los trabajos y la reanudación de las operaciones.
El episodio, aunque técnico en apariencia, ilustra un problema estructural mayor. La exportación de ganado sonorense —una de las actividades productivas más consolidadas del norte de México y un vínculo comercial de décadas con Estados Unidos— depende de una infraestructura puntual, concentrada en una sola estación, cuya falla detiene por completo el flujo comercial. Dos suspensiones en menos de dos semanas no son un accidente aislado, sino una señal de que el margen de maniobra de los productores es tan estrecho como frágil el equipo que sostiene la operación.
Conviene mirar los incentivos. Mientras exista una sola vía de salida operativa para el ganado sonorense, cualquier desperfecto técnico —por menor que sea— se traduce en pérdidas económicas directas para los productores, que no controlan ni el ritmo de reparación ni el calendario binacional del que dependen. La petición de la UGRS para abrir la cuarentenaria de Nogales no es un capricho burocrático: es una respuesta racional de quienes buscan diversificar el riesgo frente a un cuello de botella logístico que el Estado, de ambos lados de la frontera, no ha resuelto con la urgencia que el comercio exige.
El dato importa más que el ruido. Detrás de la fecha del 8 de septiembre hay una lección de fondo: la libre empresa agropecuaria en la frontera norte de México sigue rehén de una infraestructura pública insuficiente. Mientras no se multipliquen los puntos de exportación y se garantice mantenimiento oportuno del equipo de inspección, los ganaderos sonorenses seguirán expuestos a que un chute defectuoso —y no la demanda del mercado— determine cuándo pueden vender su producto.



