Las protestas estudiantiles en Francia entraron este jueves en una fase más tensa. A los bloqueos iniciados la semana pasada por alumnos de institutos secundarios se sumaron universitarios, en una movilización que reclama mejores condiciones para el sector educativo francés.
Según los informes policiales, por la mañana se registraron 340 acciones frente a escuelas secundarias y 169 bloqueos, además de una treintena en campus universitarios. El movimiento fue reivindicado por el Sindicato de Estudiantes, que se unió a la Unión de Estudiantes de Secundaria (USL, por sus siglas en francés).
La protesta ya había alcanzado una escala amplia. Solo en la región de Île-de-France, más de 200 escuelas secundarias se vieron afectadas, incluidas unas cincuenta que fueron «escenario de violencia, enfrentamientos y daños», según el gobierno regional.
El origen del malestar se sitúa en la academia de Créteil, en Val-de-Marne, el 21 de septiembre. Desde entonces, la protesta se propagó por la región de París y luego hacia Marsella, Lyon, Lille y Nantes, entre otras ciudades.
Las demandas son heterogéneas, pero convergen en el deterioro de las condiciones de estudio. Los alumnos reclaman mejores horarios, clases menos numerosas, más profesores y aulas que no resulten insoportables durante las recientes olas de calor. También denuncian fallas edilicias en los centros educativos.
A esas quejas se suman las de los universitarios, que reclaman acabar con la supresión de puestos universitarios, el recorte de becas y la congelación de la ayuda personal a la vivienda (APL), una medida incluida en el proyecto de ley de presupuesto para 2027, que se estudia este jueves en el Parlamento francés.
Pero el movimiento ha derivado también en una respuesta policial más dura y en una secuencia de incidentes graves. Solo el miércoles, 625 personas fueron detenidas durante los bloqueos, según el ministro del Interior, Laurent Nunez, quien habló de una «expansión del movimiento» y condenó una «escalada de violencia» alrededor de algunos centros educativos.
El mismo ministro señaló que 83 policías y gendarmes resultaron heridos el miércoles en «ataques dirigidos contra agentes del orden, lanzamiento de proyectiles, actos de violencia, agresiones verbales, intento de incendio provocado y lo que equivale a violencia urbana».
Este jueves, la violencia escaló todavía más. Un director de escuela resultó herido en Marsella tras ser rociado con gasolina por un grupo de agresores. Las autoridades también informaron sobre incendios en al menos dos centros educativos en una jornada marcada por el aumento de la violencia en las movilizaciones.
En Marsella, cientos de jóvenes rodearon un camión de bomberos que acudía a sofocar un incendio en el instituto Saint-Exupéry. Según la Policía, los agresores obligaron a los bomberos a abandonar el vehículo y luego le prendieron fuego. En la misma ciudad, el director del instituto Victor Hugo fue atacado y resultó herido, confirmó la Fiscalía.
La Agencia AFP informó además de contenedores volcados, pequeños incendios, destrozos en paradas de autobús y fuegos artificiales lanzados en varias ciudades, mientras la policía respondió en ocasiones con gases lacrimógenos.
Uno de los incidentes más graves se registró en Nantes, donde un incendio se propagó por la fachada del instituto Nelson Mandela y destruyó el vestíbulo de la escuela. Otro hecho similar se registró en el instituto Blaise Pascal de Rouen.
La disrupción ya alcanzó el transporte. La Autoridad Metropolitana de Transportes de Marsella (RTM) suspendió todos los servicios de transporte público, alegando «actos de vandalismo y ataques contra conductores que provocaron heridos esta mañana en la red de autobuses». La prefectura de Bajo Rin paralizó las labores del tranvía en Estrasburgo para «limitar la circulación de alborotadores y manifestantes».
En Estrasburgo, cientos de estudiantes bloquearon el tráfico y las vías del tranvía frente al Instituto General y Tecnológico de Couffignal. Una estudiante, Lola, dijo que se ven obligados a salir a la calle porque «no nos escuchan». Otra alumna, Maëlle, de 16 años, afirmó que protestan contra las aulas masificadas y contra un gobierno que «gasta millones en fundas anti-teléfonos pero no invierte en calefacción, aire acondicionado ni en los salarios de nuestros profesores».
También hay cuestionamientos a la actuación de las fuerzas de seguridad. En Tours, un joven fue hospitalizado el miércoles con lesiones en la cabeza, compatibles con una bala de goma, según la Fiscalía de la ciudad. La división de asuntos internos de la Policía Nacional francesa (IGPN) abrió tres investigaciones por lesiones sufridas por estudiantes de secundaria durante los bloqueos escolares.
El dato importa más que el ruido: el conflicto ya no es solo educativo, sino también de orden público. Cuando una protesta se extiende a escuelas, calles y transporte, el costo recae sobre familias, contribuyentes y usuarios del servicio público.
Conviene mirar los incentivos. Si el Estado francés no logra responder con rapidez al deterioro de sus centros educativos, el malestar encontrará salida en más bloqueo, más presión y más desgaste institucional. Y cuando la administración pierde control del entorno escolar, lo que se resiente no es una consigna, sino la confianza en la capacidad del aparato estatal para sostener reglas, seguridad y continuidad de los servicios.

