Edición Globalsábado 17 de octubre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Internacional

Francia condena a 13 por una red que explotó a mujeres colombianas

Un tribunal de Marsella impuso penas de hasta 10 años de prisión a miembros de una red que reclutaba a mujeres en Colombia con promesas de empleo y luego las obligaba a prostituirse. El caso vuelve a mostrar el costo humano de las mafias que convierten la migración en negocio criminal.
Imagen generada con IA
Internacionalsábado 19 de septiembre de 2026

La justicia francesa condenó este viernes a hasta 10 años de prisión a 13 miembros de una red que obligaba a prostituirse a mujeres reclutadas en Colombia con la promesa de un empleo en la limpieza o en la hostelería.

Un tribunal de Marsella, en el sureste de Francia, impuso penas de entre dos años de prisión condicional y 10 años de cárcel. Entre los condenados hay seis colombianos. La mayor pena fue para el líder de la red, Alejandro Lara Quesada, de 38 años, expulsado en 2007 de la Legión Extranjera francesa.

La organización alojaba a las jóvenes en apartamentos y hoteles alquilados en el sur de Francia y en España. Además, les confiscaba sus pasaportes y les exigía pagar un «derecho de entrada» de 1.719 dólares.

Las mujeres también debían firmar un «reglamento interior» con castigos y multas. Según la información presentada ante el tribunal, estaban obligadas a pagar por todo: alimentos, preservativos e incluso cocaína rosa, cuyo consumo la red alentaba.

Durante el juicio, Lara Quesada aseguró que las mujeres eran «tratadas como princesas». La fiscal respondió que se quería hacer creer en el «Paradise Club», donde las chicas supuestamente tendrían libertad de elección, pero que la realidad era otra: «solo recuperan migajas y son tratadas como mercancía».

Según el testimonio de las víctimas, varios hombres las vigilaban en los apartamentos y cuando salían a la calle. Algunas denunciaron actos de violencia e incluso una violación por miembros de la red.

En los últimos años se han documentado varios casos de trata de mujeres colombianas trasladadas a Europa con falsas promesas de empleo y luego sometidas a explotación sexual. En España, una operación conjunta con Colombia desarticuló en junio de 2026 una red que captaba mujeres en Colombia, las llevaba a Bilbao y Málaga y las obligaba a entregar todos sus ingresos para pagar supuestas deudas de viaje, bajo amenazas. En otro caso, en 2025 fueron liberadas 18 mujeres explotadas en seis comunidades españolas. También se registraron operaciones en Francia, donde cuatro víctimas fueron liberadas tras una investigación entre autoridades colombianas, españolas y francesas.

Conviene mirar los incentivos. Cuando una red puede reclutar con promesas de trabajo, confiscar documentos y cobrar «deudas» ficticias, la frontera entre movilidad laboral y esclavitud se borra por completo. El dato importa más que el ruido: aquí no hablamos de un abuso aislado, sino de un modelo criminal que convierte la vulnerabilidad en rentas.

Para Europa, el caso vuelve a poner en primer plano una verdad incómoda. Sin control efectivo, sin cooperación judicial y sin castigo suficiente, las mafias encuentran espacio para operar entre países. Y para Colombia, la lección es igual de dura: mientras el empleo formal y seguro siga siendo escaso para muchas mujeres, las redes seguirán vendiendo una salida que termina en explotación.

Más sobre Internacional

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →