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Francia cae 6-4 ante Inglaterra y cierra el Mundial con una primera parte «vergonzosa»

Rabiot y Mbappé cargaron contra el rendimiento inicial de les Bleus en el duelo por el tercer puesto. Deschamps se despide tras catorce años al frente de la selección.
Imagen ilustrativa
Internacionaldomingo 19 de julio de 2026

El partido por el tercer puesto del Mundial dejó una imagen difícil de procesar para Francia: un 4-0 en contra al descanso ante Inglaterra, en un encuentro que terminó 6-4 en Miami. La despedida de Didier Deschamps —que abandona el banquillo galo tras catorce años de gestión, con un título en Rusia 2018 y un subcampeonato en Qatar 2022— no pudo ser más turbulenta en su primera mitad.

Adrien Rabiot, centrocampista del Milán, fue el más duro en el vestuario. «Entramos a este partido de una manera vergonzosa», afirmó. «Hay mucha decepción tras la derrota contra España, pero había trabajo por hacer hasta el final y no podíamos permitirnos ese lujo de descuido», añadió. El jugador fue explícito: «Hablamos en el descanso, nos dijimos que teníamos que demostrar orgullo, y la segunda parte fue mucho mejor, porque algunos comportamientos de la primera fueron inaceptables».

Kylian Mbappé sumó su propia autocrítica. «En la primera parte fuimos humanos. Estábamos completamente aturdidos, y ellos nos despertaron», declaró en M6 al término del encuentro. El delantero reconoció el costo emocional de la actuación inicial para el técnico saliente: «En la segunda parte, volvimos a ser jugadores de primer nivel. Es una lástima para el entrenador. La primera parte da la impresión de que lo decepcionamos. Queremos agradecerle, y este partido no empañará su legado».

Mbappé anotó un doblete y, según consigna la fuente, se elevó como máximo goleador tanto de esta edición como de los Mundiales en general, a la espera de lo que pudiera hacer Lionel Messi en la final. El propio delantero reconoció la situación con una mezcla de orgullo y resignación: «Me hubiera gustado no ser el máximo goleador de la historia y jugar mañana el partido», señaló.

Deschamps, por su parte, asumió responsabilidad sin eludir el análisis. «Hubo reacción y lo hicimos bien en la segunda parte. Tuvimos dos ocasiones para empatar a 4-4, pero lamentablemente no las aprovechamos. No pude hacer lo necesario en la primera parte», admitió. Sobre el futuro del equipo, el técnico de 57 años fue moderadamente optimista: «La derrota duele. Teníamos ambición, pero perdimos nuestra oportunidad contra España. Sin embargo, no todo es malo. Tenemos un grupo con fútbol de calidad, con jugadores jóvenes que irán ascendiendo».

El dato importa más que el ruido. Un 4-0 en el descanso de un partido de tercer puesto no es un accidente estadístico; es el síntoma de un equipo que ya había desconectado mentalmente tras la eliminación ante España. Que los propios jugadores lo reconozcan con esta crudeza —«comportamientos inaceptables», «vergonzosa»— habla bien de la cultura de exigencia instalada en catorce años de Deschamps, aunque también subraya que esa cultura no fue suficiente para sostener el nivel cuando el premio máximo ya no estaba en juego.

El fútbol, como cualquier empresa de alto rendimiento, castiga la relajación de los incentivos. Francia tiene talento generacional; lo que demostró en Miami es que el talento sin disciplina colectiva produce resultados que avergüenzan incluso a quienes los protagonizan.

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