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Fetterman llama «Pontiac Platner» al candidato socialista que pidió su cabeza en una estaca

El senador demócrata por Pensilvania respondió con ironía al izquierdista Abdul El-Sayed, quien en una llamada con donantes habló de poner a Fetterman como un «ogro en una pica» y amenazó con primariarlo.
Imagen ilustrativa
Estados Unidosmiércoles 29 de julio de 2026

El senador demócrata John Fetterman, de Pensilvania, bautizó al candidato al Senado por Míchigan Abdulrahman El-Sayed con el apodo «Pontiac Platner» después de que una grabación de una llamada de Zoom con donantes, obtenida por Politico, mostrara al izquierdista refiriéndose a él como un «ogro» al que había que poner en una «pica».

En esa misma llamada, El-Sayed anunció sus intenciones con escasa ambigüedad: «Voy a poder ir a por ellos y primariear a gente como John Fetterman, y no tengo ningún problema con eso», dijo, según la grabación difundida por Politico.

Fetterman respondió ante la cadena CNBC con su habitual tono desenfadado. «Nunca trabajé como modelo masculino. Pueden llamarme "Senador Shrek", lo que quieran, pero este tipo es realmente el Pontiac Platner, y ahora está corriendo para ser la cabeza de nuestra emergente ala pro-Hamás en el partido», declaró.

El apodo combina dos referencias. «Pontiac» alude a Míchigan, estado donde El-Sayed aspira al Senado, cuyo nombre deriva del jefe odawa del siglo XVIII y de la ciudad homónima, además de la extinta marca de General Motors descontinuada tras la crisis financiera de 2008. «Platner» remite a Graham Platner, un agricultor de ostras de Maine que abandonó su candidatura al Senado tras una serie de acusaciones de conducta sexual inapropiada con mujeres, y cuyas posiciones de política pública, según Fetterman, se solapan con las de El-Sayed.

Fetterman fue más allá en su diagnóstico interno: «Los demócratas están jugando un juego serio al permitirle oxígeno político al ala de Bernie Sanders, que creó el desastre Platner», advirtió. Y añadió: «No estoy seguro de qué he hecho o votado que haya ofendido tanto al pequeño».

El-Sayed ha criticado de forma reiterada al gobierno israelí, y varias de sus posiciones lo sitúan en la corriente más alejada del centro del Partido Demócrata.

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Conviene mirar los incentivos. La fractura que esta disputa expone no es anecdótica: es la misma tensión que sacude a la izquierda occidental cada vez que su ala más radical exige el control del aparato electoral. El-Sayed no es un outsider marginal; es el candidato favorito del sector que ya barrió en las primarias de Nueva York y que empuja al partido hacia posiciones que, en el mejor de los casos, resultan electoralmente costosas para los demócratas moderados.

El dato importa más que el ruido. Que sea precisamente Fetterman —un senador de izquierda moderada que se ha distanciado del progresismo en temas de seguridad y política exterior— quien reciba las amenazas de primaria dice mucho sobre hacia dónde apunta esa ala del partido. La pregunta relevante no es si el apodo es ingenioso, sino si el Partido Demócrata tiene la disciplina institucional para contener una corriente que, según el propio Fetterman, ya «creó el desastre Platner».

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