El debate sobre el bienestar animal adquirió nueva urgencia luego de que Europa avanzara en normas que restringen procedimientos considerados abusivos en perros y gatos, entre ellos las mutilaciones realizadas únicamente por motivos estéticos. En Inglaterra y Gales, la organización RSPCA advierte que el recorte de orejas —conocido como otectomía— «no aporta beneficios al bienestar del perro» y puede resultar «doloroso y traumático»; la práctica está prohibida bajo la legislación de protección animal vigente en esos territorios.
En Perú, en cambio, no existe una prohibición general que impida cortar orejas o colas a los perros por razones exclusivamente cosméticas. La otectomía consiste en retirar quirúrgicamente una parte del pabellón auricular para que las orejas permanezcan erguidas; la caudectomía, en cortar total o parcialmente la cola. Ambas intervenciones implican anestesia, heridas, cuidados posteriores y riesgo de complicaciones como infecciones, sangrado o cicatrización inadecuada.
El veterinario Rondón Navas, propietario de Veterinaria Rondón, cuestionó directamente estas prácticas. «Es una práctica cruel, cortar orejas, los perritos sufren», declaró, y precisó que la idea de que un cachorro recién nacido no siente dolor «es equivocada». Señaló además que el corte de cola puede realizarse cuando el animal tiene apenas algunos días de vida.
Según Rondón Navas, el origen histórico de estas intervenciones está ligado a una época en que ciertos perros eran utilizados para peleas. Con el tiempo, esa justificación perdió sustento en animales de compañía, aunque la estética asociada a razas como el doberman, el pitbull, el rottweiler o el cane corso persistió. Hoy, la demanda proviene principalmente de propietarios que asocian las orejas erguidas con una imagen más agresiva o imponente, reforzada por redes sociales y publicidad.
El especialista anticipó que la tendencia regulatoria europea podría terminar influyendo en la discusión peruana: «Acá aún no está prohibido, pero me imagino que van a prohibir en algún momento», afirmó.
El procedimiento suele practicarse durante las primeras semanas o meses de vida del animal. Tras la operación, algunos perros deben usar vendajes, férulas o sistemas de sujeción para mantener las orejas en la posición deseada, lo que prolonga el período de incomodidad.
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Conviene mirar los incentivos. La presión para regular estas prácticas no proviene de una agenda burocrática abstracta, sino de evidencia veterinaria concreta: no existe necesidad médica que justifique someter a un animal sano a una cirugía con fines puramente cosméticos. Ese es el punto de partida razonable para cualquier discusión legislativa.
Lo que Perú enfrenta es una decisión de política pública acotada: si el Estado debe intervenir cuando el único beneficiario de un procedimiento quirúrgico es la preferencia estética del propietario, y el único que carga con el dolor es el animal. La experiencia europea sugiere que la respuesta tiende a ser afirmativa. El dato importa más que el ruido: la medicina veterinaria peruana ya desarrolla áreas especializadas de atención, lo que indica que el sector tiene capacidad técnica para adaptarse a una regulación más exigente sin que ello implique costos desproporcionados para los dueños de mascotas.



