Un estudiante de la Universidad de Nueva York (NYU) compareció el martes ante un tribunal de Manhattan en la fase preliminar del proceso penal abierto en su contra por izar una bandera con dos esvásticas junto a una Estrella de David en un edificio del campus dedicado a un donante judío.
Alexander Stepnowsky, de 23 años y residente en Fairfield, Connecticut, se presentó a la audiencia con camisa azul celeste y pantalón caqui. El incidente tuvo lugar durante las festividades de graduación de este año, según señalan los fiscales.
De acuerdo con fuentes policiales citadas por The New York Post, Stepnowsky admitió haber izado el estandarte y afirmó haberlo hecho en protesta por la manera en que NYU gestionó cuestiones políticas relacionadas con Israel. La bandera, según los fiscales, incorporaba el logo de la universidad y estaba diseñada para imitar las banderas oficiales de NYU en color morado y blanco.
Stepnowsky se declaró no culpable de los cargos de allanamiento de morada y violación de propiedad privada como crimen de odio, así como de acoso agravado en primer grado. Fue puesto en libertad sin fianza y deberá comparecer nuevamente ante el tribunal en octubre.
Tras el arresto, las autoridades de NYU declararon que investigaban el episodio, calificado de «heinous» —atroz—, y que evaluaban un abanico de sanciones que incluía la expulsión del estudiante.
El dato importa más que el ruido. Este caso condensa una tensión que se ha instalado en los campus universitarios estadounidenses desde los disturbios propalestinos de 2024: la frontera entre protesta política y acto de intimidación antisemita. Stepnowsky no lanzó consignas en una manifestación; eligió un edificio con nombre de donante judío, diseñó una bandera que imitaba la iconografía institucional e incluyó símbolos del nazismo. La premeditación, si los fiscales logran acreditarla, es el núcleo del caso.
Conviene mirar los incentivos. Las universidades de élite han tolerado durante meses una escalada retórica y simbólica en sus recintos bajo el paraguas de la libertad de expresión. El resultado es un ambiente en el que un alumno puede calcular que la provocación antisemita tendrá consecuencias institucionales manejables. NYU habla de expulsión; la historia de los últimos dos años en los campus sugiere cautela respecto a si esa promesa se cumple. Para los donantes judíos que financian estas instituciones —y cuyo nombre figura literalmente en los edificios— la señal que emita el tribunal en octubre tendrá más peso que cualquier comunicado universitario.



