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Estevanico, el explorador marroquí que cruzó Norteamérica 300 años antes que Lewis y Clark

Esclavizado, náufrago y olvidado por los libros de texto, este hombre recorrió más de 3.600 kilómetros a pie por el continente americano en el siglo XVI. El 250 aniversario de Estados Unidos rescata su historia.
Imagen ilustrativa
Las Américasmartes 11 de agosto de 2026

En 1528, un hombre originario de Azamor, Marruecos, llegó a la costa de lo que hoy es Texas después de naufragar en el Golfo de México. Había sobrevivido a bordo de una balsa improvisada con troncos, piel de caballo y retazos de ropa. Era Estevanico —conocido también como Esteban de Dorantes o Esteban el Moro— y lo que vendría después constituye una de las travesías de supervivencia más extraordinarias en la historia de la exploración.

De los aproximadamente 600 hombres que habían zarpado de España en 1527 para conquistar la actual Florida y la costa del Golfo en nombre de la Corona española, solo cuatro sobrevivieron: tres capitanes españoles y Estevanico, el esclavizado marroquí de menor rango en toda la expedición.

Entre 1528 y 1536, recorrió a pie unos 3.620 kilómetros hacia el oeste, desde Florida hasta la costa del Pacífico en México. Los historiadores consideran ese trayecto la primera travesía registrada de Norteamérica y el Caribe, casi 300 años antes de la expedición terrestre de Lewis y Clark hacia la costa de Oregón. Luego emprendió una odisea independiente de 2.400 kilómetros hacia el norte y se convirtió en la primera persona no nativa americana conocida en adentrarse en los actuales territorios de Nuevo México y Arizona.

Durante el recorrido, Estevanico fue capturado por nativos americanos, aprendió sus idiomas y se convirtió en sanador. Su ascenso de facto al liderazgo del grupo ilustra una paradoja histórica notable: la persona de menor estatus en el orden del Viejo Mundo resultó ser la más adaptable en el Nuevo.

Nacido a principios del siglo XVI, fue esclavizado por el noble español Andrés Dorantes de Carranza, quien lo incorporó a la expedición de Pánfilo de Narváez. Como a los musulmanes se les prohibía viajar al Nuevo Mundo en expediciones oficiales españolas, Dorantes lo bautizó y le dio el nombre de Estevanico. La expedición, compuesta por cinco barcos y 600 personas, zarpó en junio de 1527 y resultó un desastre desde el principio: 140 hombres desertaron en Santo Domingo, un huracán hundió dos barcos en Cuba y mató a otros 50 marineros, y las tormentas desviaron a la tripulación hasta la actual San Petersburgo, Florida, en abril de 1528.

Dado que Estevanico no dejó registros escritos, los historiadores han reconstruido su vida a partir de los relatos de los sobrevivientes españoles. Hsain Ilahiane, antropólogo y profesor de la Universidad de Arizona que ha dedicado años a estudiar a este explorador, lo describió como «una de las figuras más extraordinarias, aunque menos reconocidas, de la historia temprana de lo que llegaría a ser el suroeste de EE.UU.». Según Ilahiane, Estevanico «contribuyó a abrir rutas y senderos, y a generar conocimientos geográficos que más tarde sirvieron de base para las incursiones españolas» en el oeste del continente.

Ahora, cuando Estados Unidos celebra su aniversario 250, un número creciente de museos, recorridos turísticos y monumentos en todo el territorio nacional está poniendo de relieve su legado.

Conviene mirar los incentivos que moldean la memoria histórica. Estevanico no encaja con comodidad en ningún relato prefabricado: no era europeo, no era libre y no dejó crónicas propias. Su historia sobrevivió porque otros la registraron, lo que subraya cuánto depende el conocimiento del pasado de quién tiene acceso a la pluma. El dato importa más que el ruido: un hombre sin recursos, sin estatus y sin idioma propio cruzó un continente desconocido apoyándose en la observación, la adaptación y el intercambio con comunidades locales. Eso es libre empresa aplicada a la supervivencia, en su forma más elemental. Que su figura emerja precisamente en el año del 250 aniversario sugiere que la historia de Estados Unidos es más antigua, más compleja y más rica de lo que cualquier narrativa única puede contener.

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