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España e Italia capturan más de la mitad del turismo latinoamericano en Europa

Un estudio de Data Appeal Mabrian revela que ambos países concentraron el 54,2% de las estancias de viajeros de Argentina, Colombia, México, Brasil y Chile en 2025, mientras destinos alternativos ganan terreno.
Imagen ilustrativa
Internacionaljueves 13 de agosto de 2026

España e Italia se han consolidado como las principales puertas de entrada del turismo latinoamericano en Europa. Según el último análisis de Data Appeal Mabrian —plataforma de inteligencia turística de The Data Appeal Company y Almaviva Group— ambos países concentraron el 54,2% de las estancias de los viajeros procedentes de la región en 2025.

El informe examina el comportamiento de los cinco principales mercados emisores: Argentina, Colombia, México, Brasil y Chile. El estudio cubre destinos como Reino Unido, España, Italia, Francia y Alemania, y detecta un crecimiento notable en el interés por extender los itinerarios hacia regiones alternativas más allá de las grandes capitales.

Entre los incrementos más llamativos figura la región italiana de Apulia, que prácticamente duplicó sus cifras de estancias desde 2023. La comunidad autónoma de Galicia registró un alza del 21,3%, y la región húngara de Pest creció un 19,2%. El dato sugiere que el viajero latinoamericano ya no se conforma con París, Roma o Madrid: busca profundidad geográfica y experiencias menos masificadas.

Las motivaciones del viaje refuerzan esa lectura. El patrimonio cultural, el arte y las tradiciones encabezan la demanda con el 40,3% de las menciones. La oferta gastronómica ocupa el segundo lugar con el 12,5%, seguida por las vacaciones familiares (11,9%) y las compras (11,8%). La cultura, en suma, vale más que el comercio como razón de cruce atlántico.

El perfil del viajero es el de alguien previsor y de estadía prolongada. La antelación media de reserva alcanza los 72,7 días —más de dos meses—, y la estancia media en Europa se extiende durante 14,5 días. Las parejas dominan la composición del viaje con el 40,6% del total; las familias suman el 27,5%. Entre ambos segmentos superan los dos tercios de la demanda global.

Conviene mirar los incentivos. Este flujo turístico no es producto de subsidios ni de campañas estatales masivas: responde a la capacidad de destinos con oferta cultural sólida, infraestructura privada competitiva y marcos jurídicos que protegen la inversión en hospitalidad. Apulia, Galicia o la región de Pest no duplican ni crecen a doble dígito por decreto; lo hacen porque operadores privados identificaron una demanda insatisfecha y construyeron producto.

El dato importa más que el ruido. América Latina envía a Europa un turista de alto valor —estancias largas, planificación anticipada, motivación cultural— que elige con criterio y gasta en consecuencia. Los gobiernos que entiendan esto como una oportunidad para reducir trabas al sector privado, mejorar conectividad aérea y simplificar visados capturarán una porción creciente de ese gasto. Los que lo traten como excusa para ampliar el aparato burocrático de «promoción turística» perderán el tren frente a destinos más ágiles. La historia de Apulia y Galicia es, en el fondo, una historia de libre empresa que encontró su mercado.

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