El presidente del PPD, Raúl Soto, elevó el tono contra la decisión del Presidente José Antonio Kast de adherir a Chile al Escudo de las Américas de Trump. En entrevista con Mesa Central de Canal 13, sostuvo que la política exterior chilena vive «la peor conducción» desde el retorno a la democracia y la describió como «débil», «errática» y «poco transparente».
Soto atribuyó a Kast y al canciller Francisco Pérez Mackenna decisiones orientadas a un «nicho electoral, ideológico», en vez de a «una visión de Estado». Recordó, además, el retiro del apoyo a la expresidenta Michelle Bachelet y afirmó que la adhesión al Escudo de las Américas se inscribe en una serie de señales que, a su juicio, debilitan la posición de Chile frente a Estados Unidos, Argentina y el escenario geopolítico global.
El dirigente opositor dijo que la preocupación es tal que dos expresidentes, Gabriel Boric y Michelle Bachelet, tuvieron que expresar públicamente sus reparos en una carta conjunta. También comparó la decisión de Kast con la negativa de Ricardo Lagos a apoyar a George W. Bush en la guerra de Irak, y afirmó que al Mandatario le ha faltado «coraje y patriotismo» para defender el interés nacional.
La crítica de Soto no se limita al estilo político. A su juicio, el gobierno ha dejado «amarrado el destino de la política exterior de Chile» a intereses «geopolíticos, económicos e incluso militares» de Estados Unidos. Advirtió que ello tiene implicancias en soberanía, compromisos diplomáticos en espacios multilaterales y decisiones económicas o de inversión que podrían ser estratégicas para Chile.
También puso la mirada en la interpelación al canciller Francisco Pérez Mackenna prevista para este lunes. Dijo esperar que sea una oportunidad para «encauzar la política exterior como una política de Estado» y que el ministro rinda cuentas ante el Congreso y el país por la «poca transparencia» en la conducción del tema, especialmente en la adhesión al Escudo de las Américas.
Soto fue más allá y llamó a Kast a dejar atrás «decisiones partisanas» y convocar a Boric, Bachelet, Lagos y Frei para fijar una postura común. Incluso abrió la puerta a que Chile cambie su decisión sobre la adhesión si ello fuera necesario.
Conviene mirar los incentivos. Cuando una decisión de política exterior se presenta como una señal identitaria hacia una base, el costo potencial lo asume el país en su conjunto: menor margen diplomático, mayor ruido institucional y más dudas sobre la previsibilidad del Estado. En un asunto de soberanía, la transparencia no es un detalle; es una condición mínima para que el interés nacional no quede subordinado a afinidades coyunturales.
La historia sugiere cautela. Si el gobierno quiere defender esta apuesta, tendrá que hacerlo con razones públicas, consistencia y capacidad de persuadir fuera de su propio nicho. De lo contrario, la discusión sobre el Escudo de las Américas terminará pareciéndose menos a una estrategia de Estado que a una jugada de corto plazo con costos duraderos.

