El embajador de la República Popular China en Chile, Niu Qingbao, aprovechó un seminario organizado por la Sofofa —titulado Chile-China: Mirando la próxima década, a veinte años del Tratado de Libre Comercio— para lanzar un mensaje de alcance geopolítico: Chile debe «resistir con firmeza y protegerse contra cualquier injerencia externa» que intente «limitar o debilitar la cooperación» entre ambos países «bajo cualquier pretexto».
El diplomático no nombró a Estados Unidos, pero el contexto era inequívoco. Sus declaraciones se produjeron en medio de los aranceles de castigo que Washington impulsó recientemente contra sus socios comerciales, incluido Chile, y de las advertencias estadounidenses sobre inversiones chinas en sectores sensibles como las telecomunicaciones.
Niu Qingbao acusó a «ciertos países» de distorsionar «el concepto de seguridad nacional con fines geopolíticos» y de recurrir «sistemáticamente a aranceles y sanciones unilaterales y a la diplomacia coercitiva». En su diagnóstico, el mundo enfrenta una «creciente desglobalización y el proteccionismo» impulsados por actores que anteponen sus intereses «ignorando las normas internacionales».
Sobre las críticas a la política comercial de Beijing, el embajador fue directo: «Acusan a China de sobrecapacidad y de imponer barreras comerciales porque sus propios productos ya no son lo suficientemente competitivos». Y añadió que tales prácticas «solo perturbarán el orden económico y comercial mundial» y «plantearán riesgos a largo plazo para el crecimiento económico mundial».
En el evento estuvo presente el canciller chileno Francisco Pérez Mackena, quien no respondió preguntas de la prensa al finalizar su participación. El embajador, por su parte, declinó comentar las tratativas de Chile con Estados Unidos para obtener una exención arancelaria, señalando: «No hago comentarios sobre cómo Chile maneja su política exterior o su política comercial».
Sobre la relación con el gobierno del presidente Kast, Niu Qingbao la calificó de «muy importante, constructiva y positiva», y destacó las inversiones chinas en el sector energético chileno. Consultado sobre los aranceles estadounidenses a Chile, sostuvo que «el intercambio libre sirve al interés de todos los países» y que China y Chile son «buenos modelos para promover el intercambio libre».
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Conviene mirar los incentivos. El discurso del embajador Niu Qingbao no es diplomacia de salón: es una operación de encuadramiento. Beijing busca que Santiago internalice la narrativa de que cualquier cautela frente a la inversión china equivale a ceder ante «injerencia externa», desplazando así el debate legítimo sobre seguridad de infraestructuras, cadenas de suministro y dependencia estratégica.
Chile tiene derecho —y razón— en diversificar sus vínculos comerciales y en evaluar con criterios propios qué inversiones admite en sectores críticos. Eso no es proteccionismo ni acoso; es soberanía económica, el mismo principio que Beijing invoca cuando le conviene. El dato importa más que el ruido: la presión para que un país no examine con lupa las inversiones de una potencia extranjera no es una defensa del libre comercio, sino su contrario.



