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El verano argentino no será Europa: El Niño amortigua el calor extremo

Mientras Europa contabilizó más de 10.000 muertes en exceso durante la ola de calor de junio de 2026, los expertos consultados por Infobae señalan que Argentina enfrenta un escenario distinto para su próximo verano.
Imagen ilustrativa
Las Américasmiércoles 29 de julio de 2026

Las imágenes de ciudades europeas paralizadas por el calor y los registros de mortalidad sin precedentes pusieron en primer plano una pregunta legítima: ¿puede Argentina replicar ese patrón en su verano austral? La respuesta de los especialistas es, por ahora, negativa —aunque no por razones que inviten a la complacencia.

Durante la ola de calor registrada a fines de junio de 2026 en Europa, el sistema de monitoreo EuroMOMO contabilizó más de 10.000 muertes en exceso. De ese total, más de 9.000 correspondieron a personas mayores de 65 años, y solo en Francia se reportaron al menos 5.764 muertes adicionales. El impacto sanitario y económico fue directo y medible.

El Niño como variable diferenciadora

Marcelo Madelón, licenciado en Medio Ambiente y pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, explicó a Infobae que la corriente de El Niño ya ingresó al Pacífico Sur —en zonas de Ecuador, Perú y el norte de Chile— con una profundidad superior a la de otros años. Según el experto, este fenómeno genera «muchas lluvias en la Argentina», lo que aumenta la nubosidad y reduce los episodios de calor extremo. «Es muy probable que tengamos menos días calurosos y menos olas de calor», detalló.

El mecanismo es preciso: una ola de calor requiere mínimamente tres días consecutivos de temperaturas muy elevadas, condición que la inestabilidad atmosférica y la nubosidad persistente hacen poco probable. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirma que El Niño suele incrementar la probabilidad de lluvias superiores a lo normal en el noreste argentino, lo que puede derivar en crecidas e inundaciones, pero tiende a limitar los días con temperaturas extremas.

El fenómeno no opera igual en ambos hemisferios. Mientras en Europa el mismo patrón potencia episodios de calor, en Argentina lo amortigua. Eduardo Piacentini, licenciado en Ciencias de la Atmósfera y matemático de la UBA, lo explicó con claridad: «Es poco probable la presentación de olas de calor tan extremas como las del hemisferio norte, dado que el efecto se observa sobre un territorio no tan extenso continentalmente. El hemisferio norte es continental, el sur es marítimo».

Por qué Europa se calienta más rápido

Un informe de Copernicus establece que Europa es el continente que más rápido se calienta, con un aumento de temperatura de aproximadamente 0,56 °C por década desde mediados de los años noventa, más del doble del promedio global. Un estudio publicado en Nature Climate Change confirma que los días con estrés térmico severo ocurren ahora 2,5 veces más que en los años setenta en esa región.

El meteorólogo y doctor en Geografía Mauricio Saldívar señaló a Infobae que, si bien la temperatura media global aumentó poco más de 1,3 °C respecto a la era preindustrial, ese calentamiento no es uniforme: «El Ártico se calienta casi cuatro veces más rápido que el resto del mundo, le sigue Europa a prácticamente el doble y en tercer lugar la Antártida».

La Real Sociedad Meteorológica de Inglaterra atribuye parte del fenómeno europeo al llamado domo de calor: sistemas de alta presión que impiden el ascenso del aire, bloquean la formación de nubes y favorecen la acumulación de calor en superficie durante varios días consecutivos.

La lectura que importa

El dato importa más que el ruido. Argentina enfrenta su propio conjunto de riesgos climáticos —inundaciones, crecidas de ríos, variabilidad agrícola— que El Niño de hecho agrava. Celebrar la ausencia de olas de calor mientras se ignoran esos costos concretos sería un error de diagnóstico.

Conviene mirar los incentivos: la adaptación climática eficiente no pasa por el alarmismo uniforme ni por la negación selectiva, sino por respuestas calibradas a la geografía y los riesgos reales de cada región. Para Argentina, eso significa infraestructura hídrica y sistemas de alerta temprana, no necesariamente los mismos protocolos de calor que hoy urgen en París o Madrid.

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