El candidato demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, recibió más de 115.000 dólares de personas que trabajan, trabajaron o ejercieron cargos directivos en el Consejo sobre Relaciones Americano-Islámicas (CAIR, por sus siglas en inglés), según una revisión de registros de la Comisión Federal Electoral (FEC) realizada por Fox News Digital.
La organización ha sido designada como terrorista por los Emiratos Árabes Unidos y ha recibido designaciones o etiquetas formales equivalentes en los estados de Florida y Texas.
Entre los 41 donantes identificados figuran algunos de los funcionarios de mayor rango de CAIR: la presidenta nacional de la junta directiva, Manal Fakhoury; el tesorero nacional, Eyas Abdeen; el vicepresidente nacional, Emad Sabbah; y el miembro de la junta de CAIR-Michigan, Jukaku Tayeb, quien es además suegro del propio El-Sayed. Según Fox News Digital, Tayeb ha sido uno de los principales financiadores del súper PAC que respalda la campaña y forma parte del comité fundador de la Sociedad Islámica de Norteamérica (ISNA), un grupo que el Washington Free Beacon vinculó a financiamiento de Hamás y la Hermandad Musulmana.
Uno de los donantes, el director ejecutivo de CAIR, Nihad Awad —registrado en los archivos de la FEC como Nehad Hammad—, generó condena nacional después de declarar que estaba «feliz» de ver a Hamás «salir de Gaza» el 7 de octubre de 2023 y de argumentar que Israel «no tiene derecho a la autodefensa» en su condición de potencia ocupante, según la misma fuente.
Las contribuciones no se limitaron a Michigan. Fox News Digital identificó donaciones provenientes de líderes nacionales de CAIR y de funcionarios afiliados a capítulos en California, Arizona, Texas, Georgia, Washington, Illinois, Minnesota y Ohio, entre otros estados.
El hallazgo resulta llamativo porque El-Sayed ha convertido la consigna de «sacar el dinero de la política» en uno de los ejes centrales de su campaña. La paradoja entre ese discurso y la red de financiamiento documentada es, por sí sola, un dato que los votantes de Michigan merecen ponderar.
Conviene mirar los incentivos. Una candidatura que se presenta como alternativa al poder del dinero organizado, pero que acumula seis cifras provenientes de la cúpula de una organización con designaciones de terrorismo en múltiples jurisdicciones, plantea preguntas legítimas sobre coherencia y sobre qué intereses terminarán sentados a la mesa si El-Sayed llega al Senado. El dato importa más que el ruido: no se trata de los orígenes religiosos o étnicos de ningún donante, sino de los vínculos institucionales documentados de quienes financian la campaña. Esa distinción es la que el debate público en Michigan debería exigir que se aclare antes de noviembre.



