Abdul El-Sayed, de 41 años, se impuso el martes en la primaria demócrata para el Senado de Míchigan con un margen de menos de 15.000 votos de un total de más de 1,5 millones emitidos. El resultado fue notablemente más ajustado de lo que anticipaban las encuestas, que le otorgaban una ventaja de dos dígitos apenas una semana antes de la contienda.
La victoria, sin embargo, llegó acompañada de una controversia que amenaza con definir su campaña de cara a noviembre. En una entrevista con The New York Times, El-Sayed se negó a distanciarse del streamer Hasan Piker, uno de sus principales promotores durante la campaña. Ante la pregunta de si mantendría a Piker como vocero en la elección general, el candidato respondió únicamente: «Mira, estoy mucho más enfocado en a quién le estoy haciendo campaña».
Piker tiene un historial documentado de declaraciones que han generado rechazo amplio. Según la fuente, el streamer afirmó que Estados Unidos «se mereció el 11 de septiembre» y sostuvo que «no importa» si ocurrieron violaciones durante el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra Israel.
La negativa de El-Sayed a cortar ese vínculo ha encendido alarmas dentro de la comunidad judía de Míchigan. Joe Tigay, de 44 años y padre de tres hijos, dijo al Detroit Free Press que se trata de «un momento muy aterrador» y que, a menos que El-Sayed tienda puentes con la comunidad judía, es más probable que apoye al candidato republicano Mike Rogers. Tigay precisó que votó dos veces por el expresidente Barack Obama, lo que subraya que la inquietud trasciende las líneas partidistas habituales.
El rabino Aaron Starr, de la Congregación Shaarey Zedek, fue más explícito. Según la fuente, calificó de «falsa justificación de un acto de terrorismo» la respuesta que El-Sayed ofreció un día después del ataque del 12 de marzo, en el que un hombre embistió con su camioneta el Templo Israel en West Bloomfield Township, donde había niños en edad escolar. En ese video, El-Sayed señaló que el atacante había perdido familiares en un bombardeo israelí en el Líbano y afirmó que «la violencia siempre engendra violencia», frase que críticos judíos interpretaron como una justificación velada del ataque.
El rabino Starr también comparó la situación con un escenario hipotético: «Si un político de derecha diera tribuna a un miembro del Ku Klux Klan, estaríamos indignados. De la misma manera, cuando el doctor El-Sayed da tribuna a Hasan Piker, estamos indignados».
El candidato enfrenta ahora en noviembre al republicano Mike Rogers en un estado que históricamente ha sido campo de batalla electoral y que alberga una de las comunidades árabe-americanas más grandes del país, así como una comunidad judía políticamente activa.
Conviene mirar los incentivos. El-Sayed ganó una primaria con el impulso de una base activista que valora la visibilidad en plataformas digitales de nicho; el problema es que esa misma base —y sus figuras más ruidosas— le complica el camino al centro que necesita para ganar en noviembre. La negativa a desvincularse de Piker no es un descuido: es una señal de a quién considera su electorado real. El dato importa más que el ruido: un margen de 15.000 votos sobre 1,5 millones no es una mandato, es una advertencia. Si la comunidad judía de Míchigan migra hacia Rogers o simplemente se abstiene, el cálculo electoral cambia de manera sustancial.



