El rial iraní cayó este lunes hasta un nuevo mínimo histórico tras siete meses de guerra y en medio de la intensificación de las sanciones de Estados Unidos contra el país persa y el bloqueo naval.
En mercados no oficiales, la moneda llegó a cambiarse a 2.433.000 unidades por dólar, según precios confirmados por EFE en casas de cambio de Teherán. Eso supone una depreciación del 3 % respecto del día anterior.
La caída se ha acelerado desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero. Desde entonces, el rial acumula una baja del 46,3 % en siete meses. Desde la entrada en vigor de la operación «Paria Económico» de Estados Unidos, el 24 de agosto, la depreciación alcanza el 21,65 %.
El dato importa más que el ruido: una moneda en caída libre no es solo un problema de imagen para el Gobierno iraní. Es una señal de pérdida de poder adquisitivo, de desorden en los incentivos y de un golpe directo al bolsillo de los ciudadanos.
Irán afronta además una inflación interanual del 89 % y un aumento del 127 % del coste de los alimentos en comparación con agosto de 2025. Todo ello ocurre en un contexto marcado por el conflicto, las sanciones y el bloqueo naval estadounidense contra la República Islámica.
La fragilidad económica ya había alimentado protestas antigubernamentales en enero. Fueron sofocadas con una represión estatal que, según el balance oficial, causó la muerte de 3.117 personas. ONG opositoras como HRANA, con sede en Estados Unidos, cifraron los fallecidos en más de 7.000.
Masud Pezeshkian reconoció a principios de mes que la situación en su país ha alcanzado «una fase crítica y peligrosa en los últimos meses» a causa de la intensificación de las sanciones económicas estadounidenses y la guerra.
La República Islámica lleva décadas sometida a sanciones económicas de Estados Unidos e internacionales, incluida la prohibición de vender su petróleo en los mercados internacionales. Conviene mirar los incentivos. Cuando un Estado sostiene décadas de restricciones externas y además entra en una escalada militar, el ajuste no lo absorbe una abstracción geopolítica: lo pagan la moneda, el comercio y los hogares.
Para Washington, la presión económica sigue siendo una herramienta de poder. Para Teherán, el margen se estrecha. Y para la sociedad iraní, la factura llega en forma de precios más altos, ahorro evaporado y mayor incertidumbre. La historia sugiere cautela: cuando la economía se descompone, la estabilidad política rara vez queda intacta.
