El secretario de Defensa Pete Hegseth y el jefe del Estado Mayor Conjunto Dan Caine comparecieron este martes ante el Senado para solicitar cerca de 70.000 millones de dólares adicionales destinados a financiar las operaciones militares contra Irán y reponer las reservas de armamento. La audiencia dejó más preguntas abiertas que respuestas.
El senador republicano John Kennedy preguntó directamente a Hegseth si Estados Unidos tiene capacidad para destruir lo que se encuentre bajo la Montaña Pico, el complejo subterráneo que las autoridades estadounidenses vinculan al programa nuclear iraní. La respuesta fue deliberadamente imprecisa: «Muchas de nuestras capacidades son clasificadas, senador», dijo Hegseth, antes de añadir que «si alguien en el mundo puede alcanzar algo en la faz de la Tierra, son las fuerzas armadas de Estados Unidos».
La pregunta de Kennedy llegó horas después de que el presidente Donald Trump amenazara con atacar la Montaña Pico «muy pronto y con mucha fuerza». La instalación, excavada en el interior de una zona montañosa, presenta dificultades técnicas para su destrucción mediante ataques convencionales, lo que alimenta la incertidumbre sobre las capacidades reales disponibles. Los responsables del Pentágono tampoco ofrecieron detalles sobre la posibilidad de operaciones terrestres en Irán.
El coste de la campaña no es menor. Hegseth cifró en 37.500 millones de dólares el gasto acumulado de la guerra contra Irán, una cifra que se suma a la solicitud de fondos adicionales presentada ante el Senado. Caine recordó además la muerte de tres militares estadounidenses en Oriente Medio: Tyler Feehan, Michael Swinton e Isabella Gonzales.
La senadora demócrata Kirsten Gillibrand apuntó una contradicción de fondo: Hegseth había declarado en su momento que Estados Unidos había «aniquilado» la capacidad de Irán para fabricar armas nucleares durante la Operación Martillo de Medianoche, ejecutada en junio de 2025. Sin embargo, ocho meses después, en abril de 2026, Trump inició una nueva guerra argumentando que Teherán estaba a dos semanas de obtener un arma nuclear. Hegseth respondió que los emplazamientos atacados «fueron destruidos», pero que los iraníes «imprudentemente, continuaron intentando desarrollar capacidades nucleares». La explicación no cerró el debate.
Estados Unidos e Irán llevan dos semanas de ataques cruzados en Oriente Medio, ruptura del alto el fuego firmado el 18 de junio para dar paso a negociaciones sobre el programa nuclear iraní.
Conviene mirar los incentivos. El Pentágono llega al Senado con una factura de 37.500 millones ya gastados y una petición de 70.000 millones adicionales, sin poder garantizar públicamente que el objetivo estratégico central —neutralizar la capacidad nuclear subterránea iraní— está al alcance de los medios disponibles. Eso no invalida la lógica de la campaña, que la Administración Trump ha sostenido desde el principio sobre la premisa de que un Irán nuclear representa una amenaza inaceptable para el orden regional. Pero sí plantea una pregunta que el dinero del contribuyente exige responder con claridad: ¿cuál es la condición de victoria y cómo se mide? La historia sugiere cautela ante guerras cuyos objetivos se redefinen a medida que avanza el gasto.

