El Nikkei, el principal índice de la Bolsa de Tokio, caía más de un 2 % en la apertura de este lunes, después de que Estados Unidos e Irán intercambiaran ataques en Oriente Medio por primera vez en más de un mes. Quince minutos después del inicio de la sesión, el indicador —que agrupa a los 225 títulos más representativos del mercado japonés— restaba un 2,06 %, o 1.367,03 puntos, hasta situarse en 65.038,53 unidades.
El índice más amplio Topix, que incluye a las firmas de mayor capitalización de la sección principal, se dejaba un 1 %, o 41,39 puntos, hasta ubicarse en 4.105,32 enteros.
Según la Guardia Revolucionaria de Irán, esa fuerza atacó la madrugada del lunes dos bases estadounidenses en Jordania, en represalia por el bombardeo que Washington realizó horas antes sobre la isla iraní de Larak. El episodio generó preocupación entre los inversores ante la posible reactivación del conflicto.
A esa incertidumbre geopolítica se sumaron las expectativas de que la Reserva Federal estadounidense aplique nuevas subidas de tipos de interés para contener la inflación, un factor que también pesó sobre el mercado japonés.
Las empresas de semiconductores y las vinculadas a la inteligencia artificial fueron las más castigadas. El fabricante de memorias Kioxia bajaba más de un 1,8 %, mientras SoftBank, que ha apostado fuerte por la IA, se dejaba cerca de un 4,5 %. Las firmas de semiconductores Advantest y Tokyo Electron caían un 8,4 % y un 3,4 %, respectivamente.
En el sector automotor, el panorama fue distinto: Toyota subía más de un 2 %, y sus rivales Honda y Nissan crecían un 0,7 % y un 1,6 %. El banco MUFG bajaba un 1,2 %, mientras Sony, referente de la electrónica y el entretenimiento, subía un 0,8 %.
Conviene mirar los incentivos detrás de esta reacción. Los inversores no solo descuentan el riesgo militar inmediato, sino la posibilidad de que un conflicto prolongado en Oriente Medio encarezca el petróleo y complique aún más la ecuación de la Fed entre crecimiento e inflación. En ese escenario, cualquier apuesta tecnológica de alto riesgo —como la que sostiene la valorización de SoftBank o de los fabricantes de chips— se vuelve la primera víctima de la aversión al riesgo.
El contraste con el sector automotor es revelador. Toyota, Honda y Nissan avanzan precisamente cuando el capital huye de la tecnología especulativa hacia negocios con flujos de caja más previsibles. La historia sugiere cautela: los mercados asiáticos, altamente integrados a las cadenas globales de semiconductores, seguirán siendo el termómetro más sensible de cualquier escalada entre Washington y Teherán, mucho antes de que esa tensión se traduzca en decisiones de política exterior visibles para el público.



