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El Mukaab: el cubo de 400 metros que Arabia Saudita frena por presión fiscal

El proyecto más ambicioso de Visión 2030 acusa suspensiones temporales mientras Riad reordena prioridades de gasto. El fondo soberano saudí elige retornos a corto plazo sobre monumentos al récord.
Imagen ilustrativa
Internacionaldomingo 2 de agosto de 2026

En el corazón de Riad se levanta —con pausas— lo que sus promotores describen como el edificio más grande del mundo por volumen. El Mukaab es una megaestructura cúbica de 400 metros de alto, 400 de ancho y 400 de largo, diseñada para albergar en su interior hasta 20 edificios del tamaño del Empire State Building. La cifra no es retórica: es la escala que define el proyecto y, al mismo tiempo, el problema que lo persigue.

El Mukaab es la pieza central de New Murabba, un desarrollo urbanístico impulsado por el príncipe heredero Mohammed bin Salman bajo el plan Visión 2030, cuyo objetivo declarado es diversificar la economía saudí y reducir la dependencia del petróleo. El complejo contempla comercio minorista, hostelería, entretenimiento, oficinas y más de 100.000 unidades residenciales. Su diseño exterior toma patrones de la arquitectura tradicional Najdi y los fusiona con tecnología futurista; el interior incluye una torre central en espiral y paredes con proyección holográfica. El CEO de New Murabba, Michael Dyke, lo resumió así: «Puedes irte a dormir en el Serengeti y despertar en Nueva York».

La ingeniería del proyecto ya dejó huellas visibles. Para preparar el terreno se movieron cerca de diez millones de metros cúbicos de tierra —equivalentes, según datos publicados por ArchDaily, a unas 4.000 piletas olímpicas—. El flujo de maquinaria pesada obligó a instalar un puente temporal sobre la autopista del rey Khalid para no colapsar la red vial de la capital.

Sin embargo, la ambición choca con la aritmética. Reportes de inicios de 2026 indican que la construcción del Mukaab experimentó suspensiones temporales. La causa, según las mismas fuentes, es una reevaluación estratégica del fondo soberano saudí, que decidió priorizar inversiones con retornos económicos a corto plazo y proyectos de urgencia, entre ellos la infraestructura para la Expo 2030 y el Mundial 2034. Las proyecciones de finalización fueron ajustadas, y el propio ministro de Economía, Faisal al-Ibrahim, admitió que el reino está dispuesto a replantear proyectos para asegurar su viabilidad.

Las autoridades saudíes insisten en que el desarrollo de la zona circundante continuará y que el espíritu del proyecto permanece intacto. La obra no está cancelada; está recalibrada.

Conviene mirar los incentivos. Arabia Saudita enfrenta la tensión clásica de todo Estado que apuesta a la transformación estructural con recursos finitos: el espectáculo arquitectónico atrae titulares y turistas potenciales, pero compite directamente con infraestructura funcional —transporte, energía, vivienda— que genera retornos verificables antes de que venza el próximo ciclo fiscal. El Mukaab es, en ese sentido, un termómetro del modelo: cuando el fondo soberano posterga el ícono en favor del estadio o el pabellón de exposiciones, está eligiendo el corto plazo sobre la narrativa de largo aliento.

El dato importa más que el ruido. La pausa no invalida la escala del proyecto ni la voluntad política detrás de Visión 2030, pero sí revela que incluso los Estados con reservas petroleras deben ordenar prioridades. La libre empresa construye rascacielos cuando los incentivos están alineados; cuando el capital es estatal y la agenda es política, los plazos se negocian en función de calendarios electorales y compromisos internacionales. Riad tiene ambos. La historia sugiere cautela ante los megaproyectos que miden su éxito en metros cúbicos antes de medir su viabilidad en flujos de caja.

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