Wes Streeting llevaba menos de una semana al frente del Ministerio de Defensa del Reino Unido cuando concedió su primera entrevista de peso a Sky News. El mensaje fue directo: Europa terminará agradeciendo al presidente Donald Trump haberla despertado de su «complacencia estratégica» y obligado a los aliados de la OTAN a cargar con mayor responsabilidad en su propia defensa.
«Lo primero que hay que hacer es no adular», dijo Streeting al conductor Trevor Phillips, describiendo su lectura de Washington. «Mi impresión es que el presidente Trump, su administración… eso no es lo que buscan, en realidad. Es un hombre que habla claro. Dice lo que piensa y piensa lo que dice».
Streeting asumió el cargo el 20 de julio, el mismo día en que Andy Burnham se convirtió en primer ministro. Desde su llegada, el nuevo titular de Defensa ha señalado una reorientación del vínculo transatlántico bajo el gobierno Burnham, aunque con matices importantes: Londres se niega a respaldar cualquier acción militar ofensiva de Estados Unidos contra Irán.
«He dejado claro que no hemos apoyado la acción ofensiva en Irán y que no la apoyaremos», subrayó Streeting. Sin embargo, el secretario precisó que existen «muchas cosas que podemos y debemos hacer juntos» en materia de seguridad, mencionando expresamente la protección del Estrecho de Ormuz.
En su primera semana, Streeting mantuvo una llamada con el secretario de Guerra Pete Hegseth para abordar la seguridad marítima en el Estrecho y los compromisos más amplios con la Alianza Atlántica. El funcionario británico describió ese intercambio como una muestra de «cuán estrecha e integral es esa relación cuando se trata de defensa y seguridad».
El contexto no es menor. Trump compareció ante la cumbre de la OTAN en Ankara y criticó a España, Italia y el propio Reino Unido por no haber ofrecido apoyo inmediato a Estados Unidos ante un posible conflicto con Irán, calificando la respuesta inicial de esos aliados como un «mal momento». El presidente subrayó después la «tremenda unificación» que percibió entre los miembros de la Alianza.
La posición de Streeting refleja la tensión que atraviesa a varios gobiernos europeos: reconocer en público que el empuje de Trump ha sido necesario para sacudir décadas de infrainversión en defensa, pero mantener distancia operativa frente a las campañas militares estadounidenses en Oriente Medio.
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Conviene mirar los incentivos. Durante décadas, Europa delegó su seguridad en el paraguas estadounidense mientras destinaba el ahorro a gasto social y regulación. El resultado fue una capacidad defensiva que sus propios líderes reconocen hoy como insuficiente. Que un secretario de Defensa recién nombrado, perteneciente a un gobierno de centro-izquierda, valide públicamente la presión de Trump no es un gesto retórico: es la admisión de que el modelo de dependencia estratégica tenía un costo diferido que ahora vence.
El dato importa más que el ruido. La negativa de Londres a sumarse a operaciones ofensivas contra Irán es legítima y soberana; pero el reconocimiento de que Washington ha hecho el trabajo que Bruselas y las capitales europeas eludieron durante años es, en sí mismo, un cambio de marco. La historia sugiere cautela sobre si ese reconocimiento se traducirá en presupuestos de defensa sostenidos o quedará, una vez más, en una fotografía de cumbre.


