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El «grifo» de Ucrania se convierte en frente electoral en Francia

Agrupación Nacional promete cortar la ayuda militar francesa a Kiev si gana en 2027, invocando el gasto público interno; la oposición responde acusando al partido de Le Pen de favorecer a Moscú.
Imagen ilustrativa
Europasábado 5 de septiembre de 2026

El vicepresidente de Agrupación Nacional, Louis Aliot, afirmó que su partido pondría fin a la ayuda de Francia a Ucrania si llega al poder tras las elecciones presidenciales de 2027. Consultado por BFMTV sobre si «cerraría el grifo» de los fondos destinados a Kiev, respondió sin matices: «Cerramos el grifo».

El argumento de Aliot fue fiscal antes que geopolítico: «El sistema de salud, el sistema educativo, el conjunto de la economía, todo el mundo está al límite (en Francia) y se encuentra dinero para seguir financiando armas». También sostuvo que es necesario «saber también parar una guerra».

La declaración reavivó las críticas contra Marine Le Pen, que encabeza las encuestas para la primera vuelta presidencial, por sus posiciones históricas frente a Rusia. El ex primer ministro Édouard Philippe, señalado por los sondeos como uno de sus principales rivales en una eventual segunda vuelta, la acusó de ser un «apoyo al régimen de Vladimir Putin». «Cerrar el grifo a Ucrania es servir a Rusia», afirmó, y agregó que debilitar a Kiev «es amenazar la seguridad de Europa y de Francia».

Le Pen replicó recordando que Philippe integraba el Gobierno en 2017, cuando Putin fue «recibido con gran pompa en el castillo de Versalles y luego en el fuerte de Brégançon». La dirigente insiste desde la invasión rusa en que defiende «una gran conferencia por la paz» para alcanzar «una solución diplomática» al conflicto. Le Pen fue recibida ese mismo año en el Kremlin.

El líder del Partido Socialista, Olivier Faure, sumó su crítica en X: «El RN siempre preferirá a Putin antes que a la resistencia del pueblo ucraniano».

La polémica surge apenas días después de que el primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, y el presidente francés, Emmanuel Macron, ratificaran en Londres su respaldo militar a Kiev y revisaran el plan para instalar líneas de ensamblaje del misil de largo alcance Storm Shadow/SCALP en territorio ucraniano. Fue el primer encuentro bilateral entre ambos desde que Burnham asumió el cargo el 20 de julio, y sirvió también para repasar los resultados de la reciente cumbre de la Coalición de Voluntarios en Kiev.

El programa prevé fabricar en Ucrania el misil franco-británico, en uso por las fuerzas ucranianas desde 2023 contra objetivos alejados del frente, con un alcance superior a 250 kilómetros. El proyecto arrancó semanas atrás, cuando Burnham viajó a Kiev —su primer viaje internacional como jefe de Gobierno— con motivo del 35° aniversario de la independencia ucraniana. Durante esa visita, el Reino Unido autorizó al fabricante europeo MBDA a desclasificar información técnica sobre los componentes británicos del sistema, paso necesario por su carácter conjunto con Francia, que ya había habilitado en julio la producción bajo licencia. El objetivo es que las líneas de montaje operen antes de que termine 2026. El ministro británico de Preparación de Defensa e Industria, Luke Pollard, sostuvo que la medida refuerza las capacidades defensivas de Ucrania frente a Rusia.

El contraste es elocuente: mientras Londres y París amplían la asistencia occidental hacia la transferencia de capacidad industrial dentro de Ucrania, la fuerza que domina las encuestas francesas plantea, a un año y medio de las urnas, retirar ese respaldo apelando al desgaste fiscal interno.

Conviene mirar los incentivos. El discurso de Aliot no es solo una postura sobre Rusia: es una apuesta electoral que conecta el cansancio de los contribuyentes franceses con el gasto militar exterior, un terreno fértil en cualquier democracia con cuentas públicas ajustadas. Pero el dato importa más que el ruido, y el dato es que el debate ya no es hipotético: la industria de defensa europea avanza hacia instalarse en Ucrania justo cuando el partido mejor posicionado para gobernar Francia en 2027 promete cerrarle el grifo. La historia sugiere cautela ante promesas de campaña que combinan ahorro fiscal inmediato con compromisos de seguridad de largo plazo; el costo de revertirlas, si se materializan, no lo pagará solo Kiev.

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