El embajador del Reino Unido en Colombia, George Hodgson, publicó el jueves 16 de julio de 2026 un video en Instagram en el que completó uno de los retos pendientes antes de abandonar el cargo: subir en bicicleta el Alto de Patios, un recorrido de 6,5 kilómetros que parte de Chapinero, en el norte de Bogotá, a la altura de la carrera Séptima con calle 85, y llega a 3.018 metros sobre el nivel del mar en el límite con el municipio de La Calera, Cundinamarca.
Al inicio del recorrido, Hodgson fijó el tono con una declaración que combinó ambición y humor: «Subir a Patios en bici es uno de los retos que me quedan antes de irme de Colombia. Y hoy es el día. Pero no soy para nada Egan Bernal (...) Para lograr un buen tiempo o por lo menos un tiempo respetable, voy a necesitar ayuda. Luego les cuento. ¡Vamos!». Al concluir el ascenso, acompañó el video con la canción El orgullo de mi patria de Carlos Vives, presentada como homenaje a los ciclistas colombianos.
A mitad del trayecto, el diplomático hizo una pausa para consumir un bocadillo y aprovechó para destacar un emprendimiento colombo-británico llamado Luchos Guava Energy Blocks, que exporta ese dulce tradicional al Reino Unido y otros países. «Un buen bocadillo, el snack de siempre de los ciclistas colombianos y ahora de los británicos también», afirmó Hodgson, quien guardó otro para el descenso de regreso a la embajada.
La publicación detonó una oleada de mensajes en redes sociales. «Es sin duda el embajador que más disfrutó Colombia y más trabajó por ambos Estados. Deja la vara muy en alto para el próximo», escribió un usuario. Otros le abrieron las puertas para futuros regresos: «Está siempre será su casa embajador. Gracias por amar tanto estas tierras, sus costumbres y a las personas».
No es la primera vez que Hodgson genera ese tipo de reacciones. El 6 de marzo de 2026, el diplomático publicó una fotografía desde Aracataca, Magdalena, junto a la estatua de Gabriel García Márquez, para conmemorar lo que habría sido el 99.º cumpleaños del escritor —nacido en 1927—. «Me emocionó mucho conocer la casa en la que escribió algunas de las mejores obras literarias del español y que, sin duda, representan la magia de Colombia y de su gente. Aún sigo inspirándome», escribió entonces.
Conviene mirar los incentivos. La diplomacia pública —esa que ocurre fuera de los salones y dentro de las redes sociales— produce rendimientos que ningún comunicado formal replica: credibilidad, afecto y capital político bilateral acumulado durante años. Hodgson lo entendió desde el primer día y lo ejecutó con consistencia: ciclismo, literatura, emprendimiento local, cultura popular. El resultado es una relación Colombia-Reino Unido que, al menos en la percepción ciudadana, llega a este relevo en un estado de salud envidiable.
El dato importa más que el ruido. Mientras la agenda política colombiana acumula tensiones —decretos salariales revertidos y revertidos de nuevo, fricciones institucionales de largo aliento—, la imagen de un embajador pedaleando a 3.000 metros de altura y comiendo bocadillo recuerda que la diplomacia funciona mejor cuando construye puentes concretos que cuando multiplica retórica. Su sucesor heredará una plataforma de confianza ciudadana que sería un error desperdiciar.



