El mar Caspio dejó de ser un corredor discreto de comercio regional. Ucrania reivindicó durante el fin de semana ataques de largo alcance contra embarcaciones en esas aguas, en lo que el presidente Volodímir Zelenski describió como operaciones dirigidas contra barcos que transportaban cargamentos militares vinculados a Irán y Rusia, además de un buque de guerra.
La información fue revelada inicialmente por CNN, que citó a los servicios de inteligencia ucranianos: los objetivos eran cargueros sometidos a sanciones internacionales, utilizados para trasladar material militar entre Teherán y Moscú.
Irán ofreció una versión distinta. El gobierno iraní sostuvo que el ataque afectó un buque mercante que transportaba hierro y que la explosión dejó un marinero muerto y otros heridos. El canciller Abbas Araghchi pidió una respuesta internacional y afirmó que Irán no ha intervenido en la guerra entre Rusia y Ucrania. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmail Baghaei, advirtió que la operación tendría consecuencias y la calificó de violación de la Carta de Naciones Unidas.
Desde Kiev, el ministro de Exteriores ucraniano, Andri Sibiga, rechazó esas declaraciones y aseguró que Irán sí ha apoyado militarmente a Rusia desde el inicio de la invasión, especialmente mediante el suministro de drones Shahed y tecnología para su fabricación. Zelenski respaldó esa posición y afirmó que Irán entregó miles de drones utilizados por Rusia contra Ucrania.
El Kremlin calificó los ataques de acción «agresiva» y acusó a Kiev de ampliar la zona geográfica del conflicto. Dmitri Peskov, portavoz del gobierno ruso, sostuvo que estas operaciones refuerzan la necesidad de continuar la ofensiva militar.
Una ruta que vale más de lo que parece
El analista Bijan Khajehpour, director de Eurasian Nexus Partners, explicó a CNN que la ruta caspia permite a Irán diversificar sus conexiones comerciales con Rusia, el Cáucaso, Asia Central e incluso Europa del Este. Las restricciones sobre los puertos iraníes del golfo Pérsico y del golfo de Omán elevaron la importancia de este corredor como vía alternativa.
Por esta zona circulan productos como grano y acero ruso, además de mercancías vinculadas a la cooperación económica entre ambos países. Según CNN, los primeros envíos de drones Shahed llegaron a territorio ruso precisamente a través del Caspio, antes de que Moscú comenzara a producir sus propias versiones bajo licencia.
No es la primera operación ucraniana en esas aguas. En agosto del año pasado, el carguero identificado como Port Olya 4 fue destruido mientras, según reportes, transportaba componentes de drones Shahed-136 y municiones iraníes. En 2024, CNN informó sobre otro buque ruso sospechoso de trasladar misiles balísticos iraníes de corto alcance hacia Rusia; en ese momento, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos señaló que existían evaluaciones sobre el uso de embarcaciones del Caspio para transportar armamento iraní destinado al Kremlin.
Lo que revelan los incentivos
Conviene mirar los incentivos. Kiev no ataca el Caspio por capricho geográfico: busca cortar las cadenas de suministro que mantienen operativa la maquinaria de guerra rusa, demostrar capacidades de largo alcance y enviar un mensaje político sobre la red de alianzas que sostiene a Moscú. Para Zelenski, Irán ocupa en ese esquema un lugar equivalente al de Corea del Norte.
El dato importa más que el ruido diplomático. Que Teherán niegue su participación en el conflicto mientras el Caspio funciona como corredor de drones y misiles no es una contradicción menor: es la columna vertebral logística de una guerra que ya no reconoce fronteras regionales. El orden internacional que prohíbe armar a un agresor activo no se defiende solo con comunicados; se defiende, como Kiev está demostrando, cortando las rutas por las que fluye el armamento.

