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El candidato demócrata al Senado por Michigan evade preguntas sobre Israel y culpa a la prensa por su nombre y fe

Abdul El-Sayed, aspirante progresista, ha rehuido reiteradamente responder si Israel tiene derecho a existir; ante la insistencia periodística, apunta a su identidad en lugar de aclarar su posición.
Imagen ilustrativa
Estados Unidossábado 5 de septiembre de 2026

El aspirante demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, volvió a esquivar una pregunta que lo persigue desde el inicio de su campaña: si Israel tiene derecho a existir. Esta vez, en el podcast «MichMash» de Detroit Public Radio, el candidato no solo evitó responder, sino que sugirió que la insistencia de la prensa se debe a su nombre y a su fe musulmana.

El conductor Zach Gorchow le preguntó qué significa exactamente su postura declarada de «autodeterminación igualitaria» para israelíes judíos y palestinos, una fórmula que El-Sayed repite pero rara vez desglosa. «Zach, con todo respeto, esto ya se ha discutido y rediscutido», respondió el candidato, antes de desviar el tema hacia la economía interna del estado.

Según consta en las fuentes, El-Sayed fue interpelado en tres ocasiones distintas por Kasie Hunt, de CNN, sobre si reconoce el derecho de Israel a existir. También ha sido confrontado repetidamente sobre su postura respecto a definanciar a la policía. En ninguno de los registros disponibles el candidato ofrece una respuesta directa.

El-Sayed ha sido consistente en un punto: su oposición a la ayuda estadounidense a Israel. Ha calificado las donaciones de AIPAC como «soborno legalizado», mientras guarda silencio sobre el origen de otras contribuciones a su campaña, de acuerdo con lo reportado.

«Me parece muy frustrante que la gente quiera convertir esta elección en algo que ocurre a 10.000 kilómetros de distancia, cuando tenemos niños que no pueden costear su próxima comida aquí en casa», declaró el candidato durante la entrevista. Fue entonces cuando planteó que la prensa nunca le pregunta esto «en el terreno» de campaña, pero que resulta el tema central cada vez que se sienta con periodistas.

El-Sayed no ha proporcionado, según lo documentado, ninguna evidencia de que la naturaleza de las preguntas responda a su nombre o su religión; la afirmación queda como una interpretación propia del candidato ante el escrutinio periodístico, no como un hecho verificado por terceros.

Conviene mirar los incentivos detrás de esta estrategia retórica. Cuando un candidato al Senado de Estados Unidos no puede articular con claridad si reconoce el derecho a existir de un aliado histórico de Washington, la ambigüedad deja de ser matiz diplomático y se convierte en una señal sobre su idoneidad para manejar política exterior. Desviar el foco hacia la identidad propia, en lugar de responder con sustancia, es una táctica conocida en el progresismo institucional: convertir el escrutinio legítimo en agravio personal.

El dato importa más que el ruido. Lo relevante no es si a El-Sayed le «frustra» la pregunta, sino que un aspirante a representar a diez millones de michiganenses en el Senado se niegue, tras múltiples oportunidades, a fijar una postura clara sobre uno de los aliados estratégicos más antiguos de Estados Unidos en Oriente Medio. La historia sugiere cautela con los candidatos que prefieren litigar su identidad antes que sus políticas.

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