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El Boeing qatarí de Trump, frenado en pista por fallo en tobogán de evacuación

El avión donado por la familia real de Qatar —valorado en varios cientos de millones de dólares— acumula incidentes de seguridad que alimentan el debate constitucional sobre regalos presidenciales.
Imagen generada con IA
Estados Unidosjueves 10 de septiembre de 2026

El avión presidencial que Donald Trump recibió como donación de la familia real qatarí sufrió un retraso en el despegue el martes, cuando técnicos debieron inspeccionar el tobogán inflable de evacuación antes de autorizar el vuelo hacia Dallas, Texas.

«Están revisando el tobogán y creo que tardarán unos 15 minutos», dijo Trump a periodistas en la pista. Ante la pregunta directa de un reportero de la AFP sobre si el aparato era seguro, el mandatario respondió: «Sí, de lo contrario no lo tomaría».

El incidente no es el primero que rodea a esta aeronave. En julio, Trump decidió a último minuto no abordar el jet qatarí para abandonar la cumbre de la OTAN en Turquía, y cambió de avión en secreto dentro de un camión de abastecimiento, según informó la AFP, debido a amenazas contra su seguridad. El episodio concentró la atención internacional sobre las condiciones del aparato.

En la base aérea Andrews, cerca de Washington, los periodistas que cubren la presidencia observaron un tobogán inflable desplegado en el costado del avión y advirtieron que el antiguo Air Force One también había sido colocado en la pista con las pasarelas extendidas, lo que sugería que ambas opciones estaban disponibles simultáneamente.

Trump ha anunciado que las obras para reforzar la seguridad del nuevo avión comenzarían en octubre y durarían más de lo previsto. El aparato ya ha sido reformado por la Fuerza Aérea estadounidense, y los planes contemplan utilizarlo mientras se finaliza la construcción y entrega de dos nuevos Boeing en los próximos años. El presidente ha señalado además que pretende conservar el jet qatarí para su futuro museo presidencial.

La familia real de Qatar donó el lujoso Boeing el año pasado, después de que Trump se quejara del estado de los dos ejemplares de Air Force One en servicio desde 1990. El regalo, valorado en varios cientos de millones de dólares, ha generado preguntas éticas y constitucionales sobre los obsequios que puede recibir un presidente estadounidense de parte de un gobierno extranjero.

Lo que está en juego

Conviene mirar los incentivos. Un avión presidencial no es un bien suntuario cualquiera: es infraestructura de seguridad nacional cuya cadena de custodia importa tanto como su blindaje. Que el aparato acumule incidentes operativos —un tobogán que requiere inspección de último minuto, una evacuación encubierta en Turquía— no es ruido mediático; es señal de que la integración del regalo qatarí en los protocolos de la Fuerza Aérea avanza con más tropiezos de los admitidos en público.

El dato importa más que el ruido. La pregunta constitucional de fondo —si un presidente puede recibir un bien de esta magnitud de un Estado extranjero— no desaparece con las reformas técnicas. Mientras el debate legal sigue abierto, el contribuyente estadounidense financia las obras de adecuación de un avión que llegó como obsequio diplomático. Ese es el principio en juego: quién asume el costo y quién fija las condiciones de la relación.

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