El Banco Central de la República Argentina (BCRA) publicó su Informe de Política Monetaria (IPOM) más reciente con un diagnóstico que mira hacia afuera: los riesgos principales para el plan económico del Gobierno no provienen del frente interno, sino del conflicto bélico en Medio Oriente, al que el organismo califica como el «principal riesgo a futuro» para la economía argentina.
Dentro del país, el BCRA destaca avances concretos: compra de reservas, baja del riesgo país, renovación del swap con China y estabilidad cambiaria sostenida mediante intervenciones combinadas entre la autoridad monetaria y el Tesoro. Ese cuadro interno, sin embargo, convive con una amenaza externa que el organismo no minimiza.
Dos canales de transmisión
El IPOM identifica dos vías por las que el conflicto podría afectar a Argentina. La primera es el canal real: la guerra sostiene precios elevados de energía —petróleo y gas— lo que frena el crecimiento global y reduce la demanda externa hacia los socios comerciales del país. El BCRA proyecta que el crecimiento esperado de los principales socios se moderó al 2,5% en 2026, frente al 2,7% de 2025, con expansiones previstas de 4,6% para China, 2,2% para Brasil y apenas 0,8% para la zona euro.
La segunda vía es financiera: las disrupciones en el estrecho de Ormuz y la volatilidad asociada podrían elevar las tasas de interés internacionales, complicando los planes del Gobierno argentino, que enfrenta vencimientos de deuda en moneda extranjera y tiene pendiente el retorno a los mercados internacionales de crédito.
El organismo advierte con precisión: «Un endurecimiento abrupto de las condiciones financieras globales por nuevos focos de tensión o movimientos hacia activos de refugio continúa siendo un factor de vulnerabilidad externa para la Argentina».
Inflación y naftas, bajo la misma sombra
El BCRA proyecta que la inflación continuará en un proceso de lenta desaceleración, con frenos en componentes «total o parcialmente indexados» como alquileres, medicina prepaga y transporte público. También anticipa «cierta estabilidad en los precios de las naftas», aunque condiciona esa proyección a la evolución del conflicto: «Dependerá la evolución del conflicto en Oriente Medio, sobre el que persiste una elevada incertidumbre», señala el IPOM.
El organismo reconoce que el impulso del ciclo tecnológico vinculado a la inteligencia artificial compensa parcialmente los efectos negativos a nivel global, pero aclara que ese factor «no alcanza a los principales socios comerciales de la Argentina, mayormente ajenos a esas cadenas de valor».
La lectura del mercado
El analista Martín Polo, consultado por La Nación, describió la situación en términos de «paz armada»: «El conflicto tocó pico allá por abril y ahora hay una lentitud en la resolución. El petróleo no se fue a US$120, frenó la tendencia anterior, pero tampoco volvió al nivel previo, que era de US$60». Según Polo, «es un escenario de 'paz armada', que le va a generar volatilidad al mercado, pero no una gran disrupción. Más que del lado financiero, el impacto puede venir por el lado de la economía real. Con estos valores, si bien no se genera un proceso inflacionario, aumentan los costos y eso termina impactando en la actividad global».
En paralelo, el Gobierno impulsa una reforma a la Carta Orgánica del BCRA para fijar la «preservación del valor de la moneda» como único mandato del organismo.
Conviene mirar los incentivos. Argentina llega a este momento externo con un balance interno más sólido que en ciclos anteriores: reservas en acumulación, riesgo país a la baja y estabilidad cambiaria. Ese colchón no es infinito, pero sí es real. El verdadero examen no lo pone Buenos Aires, sino el precio del petróleo y la velocidad con que los mercados globales descuenten o amplifiquen el conflicto en Oriente Medio. Para un país que aún negocia su reingreso al crédito internacional, la diferencia entre tasas estables y tasas en alza no es un detalle técnico: es el margen entre consolidar el ajuste o volver a postergar la normalización financiera.



