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El «anti-Netanyahu» que lidera las encuestas en Israel

Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y padre de un soldado caído en Gaza, encabeza los sondeos con su partido Yashar a semanas de las elecciones del 27 de octubre. El desafío al primer ministro más longevo de Israel toma forma desde el centro del espectro.
Imagen ilustrativa
Internacionalsábado 25 de julio de 2026

Israel votará el 27 de octubre en lo que la analista política Dahlia Scheindlin describe como «en esencia un referéndum contra Netanyahu», según recoge The New Arab. El hombre que encarna esa alternativa no es un político de carrera: Gadi Eisenkot, 66 años, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), nunca ha dirigido un ministerio y, hasta septiembre de 2025, jamás había liderado un partido propio.

En ese mes fundó Yashar —«Recto» en hebreo—, una formación de centro. El resultado fue inmediato: una encuesta de la emisora pública Kan situó a Yashar con 24 escaños frente a 23 del Likud en el Parlamento de 120 integrantes, y otorgó a Eisenkot un 41% frente al 37% de Netanyahu como mejor primer ministro, según Financial Times.

Un perfil que rompe moldes

El contraste con Netanyahu es casi de manual. Netanyahu, de ascendencia askenazí, nació en Tel Aviv y se educó en Estados Unidos. Eisenkot es hijo de inmigrantes marroquíes y creció en el puerto obrero de Eilat. Pertenece al grupo de los judíos mizrajíes —provenientes del norte de África y el mundo árabe—, que representa la mitad de la mayoría judía israelí y que nunca ha tenido un primer ministro. De ganar, sería el primero de ese origen.

El analista militar de Haaretz, Amos Harel, lo describió al Financial Times con una frase que sintetiza su perfil: «No da la imagen típica, no posee un carisma arrollador y no es de los que pronuncian discursos apasionados». Quienes lo conocen admiten su sorpresa ante el ascenso.

El precio pagado en la guerra

Hay un episodio que todos los israelíes conocen y que ha impulsado su figura: su hijo Gal, reservista de las FDI, murió en la ocupación de Gaza en diciembre de 2023. En ese momento Eisenkot integraba el gabinete de guerra que Netanyahu formó tras el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023. Scheindlin vinculó esa pérdida con el ascenso del exgeneral y con el prestigio del Ejército, «la institución más respetada entre los judíos israelíes», y señaló que «pagó el precio más alto por esta guerra, lo que contrasta notablemente con el gobierno actual», en referencia a los intentos de Netanyahu de eximir a los ultraortodoxos del servicio militar mientras sus propios hijos no se han incorporado a la reserva.

Eisenot apoyó la invasión terrestre de Gaza, pero su distancia con Netanyahu creció con los meses. En enero de 2024 calificó de «irrealistas» las promesas de «derrota absoluta» de Hamas y pidió priorizar un acuerdo para recuperar a los rehenes. A mediados de ese año renunció al gabinete. «Una vez que comprendí que los intereses de Netanyahu ya no eran intereses vitales para la seguridad nacional», explicó entonces al Canal 12 israelí.

Doctrina y posiciones

Su trayectoria militar no está exenta de controversia. En 2006, como jefe de la Dirección de Operaciones durante la segunda guerra de Líbano, creó la llamada Doctrina Dahiya, que implica el uso de fuerza sobre infraestructura civil para contrarrestar a grupos armados. El propio Eisenkot la describió en 2008 al diario Yedioth Ahronoth: «Usaremos una fuerza desproporcionada y causaremos allí daños y destrucción inmensos». Organizaciones de derechos humanos y gobiernos han criticado su aplicación en Gaza y en Líbano, donde más de un millón de personas fueron desplazadas, según Noon Post.

En política exterior, describe a Irán como una «amenaza estratégica» pero rechaza calificarlo de «peligro existencial» mientras no posea un arma nuclear, y ha acusado a Netanyahu de exagerar esa amenaza por motivos electorales. Muestra apertura a cooperar en seguridad con Estados árabes frente a Teherán. En la cuestión palestina, rechaza la existencia de un Estado palestino —«en mis 66 años jamás he pronunciado las palabras 'Estado palestino'»— pero también se opone a la anexión de Cisjordania, advirtiendo que incorporar a «2,8 millones de palestinos a Israel representará una grave amenaza para el proyecto sionista». El analista del International Crisis Group Amjad Iraqi anticipó a The New Arab que un gobierno suyo buscaría mantener el statu quo previo al 7 de octubre.

Lo que está en juego

Israel llega a estas elecciones tras uno de los períodos más turbulentos de su historia: escándalos de corrupción, protestas masivas y una guerra que sigue abierta. Netanyahu ha derrotado a numerosos rivales en tres décadas de política; ninguno llegó con el perfil de Eisenkot.

Conviene mirar los incentivos. El ascenso de un exmilitar de origen mizrají, con un hijo caído en combate y sin deuda con el aparato de partidos, señala el agotamiento de una clase política que ha gestionado la seguridad nacional como activo electoral propio. La pregunta relevante no es si Eisenkot es moderado o halcón —su doctrina militar sugiere lo segundo—, sino si Israel puede reconstituir un liderazgo que subordine la supervivencia política del gobernante a los intereses del Estado. El 27 de octubre ofrecerá una primera respuesta.

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