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Oriente Medio y África

EE.UU. lanza tercera oleada de ataques sobre Irán y reimplanta el bloqueo naval

El Centcom confirmó ataques en múltiples ciudades costeras iraníes y en la isla Tunb Mayor, mientras buques de guerra estadounidenses desviaron dos embarcaciones en el primer día completo del bloqueo reimplantado.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricajueves 16 de julio de 2026

El Ejército de Estados Unidos intensificó esta semana su campaña aérea contra Irán con una secuencia de oleadas de ataques que incluyó objetivos a lo largo de la costa sur del país: Bandar Abbas, Khormuj, Ahvaz, Qeshm, Bushehr y Kuh-e Stak. La isla Tunb Mayor, considerada un punto estratégico en el estrecho de Ormuz, fue también alcanzada; el Centcom informó que el ataque tuvo como objetivo sitios de defensa y misiles iraníes en ese enclave.

Una primera oleada golpeó decenas de objetivos durante la noche anterior. Los ataques se reanudaron durante el día —movimiento descrito como inusual por su ritmo— y una tercera oleada comenzó a última hora del miércoles. La televisión estatal iraní reportó que fuerzas estadounidenses dispararon al menos 13 misiles contra un cuartel de la 388va Brigada de Infantería Mecanizada del Ejército iraní, dejando siete militares muertos y numerosos heridos. El vocero del Ministerio de Salud iraní, Hossein Kermanpour, elevó el balance acumulado de los últimos días a más de 35 muertos y más de 300 heridos, con al menos 72 personas hospitalizadas.

En paralelo, el bloqueo naval sobre la república islámica fue reimplantado. En su primer día completo de operación, el Centcom declaró que buques de guerra estadounidenses habían desviado dos embarcaciones que intentaban cruzar el límite de la zona restringida. La operación está respaldada, según el Instituto Naval de Estados Unidos, por dos grupos de ataque de portaaviones en el norte del Mar Arábigo: el USS Abraham Lincoln, con dos destructores de escolta, y el USS George H.W. Bush, con tres. Cada portaaviones embarca cuatro escuadrones de aviones de combate. Además, el buque de asalto anfibio USS Boxer opera en la región con la 11ª Unidad Expedicionaria de Marines a bordo.

Estados Unidos impuso por primera vez el bloqueo en abril y lo levantó el mes pasado, tras la firma del acuerdo que pausó los combates y estableció un período de 60 días para negociaciones sobre asuntos como el programa nuclear iraní. Esas conversaciones se estancaron a medida que se intensificaba la lucha por el estrecho de Ormuz.

Irán respondió con presión en múltiples frentes. El almirante Brad Cooper, que dirige el Centcom, señaló en un comunicado que la república islámica había lanzado este miércoles decenas de misiles y drones contra países árabes vecinos del golfo Pérsico. Se emitieron avisos por fuego iraní entrante en Bahréin y Kuwait. La Guardia Revolucionaria amenazó con detener todas las exportaciones energéticas desde Medio Oriente: «La exportación de petróleo y gas de la región será o para todos o para nadie». El presidente del Parlamento y principal negociador iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, declaró que su país estaba preparado para una confrontación militar más amplia si Estados Unidos no cumple los términos del acuerdo provisional.

Trump, hablando en una cumbre de defensa en el Colegio de Guerra del Ejército en Pensilvania, afirmó que Irán «quiere llegar a un acuerdo a toda costa» y advirtió: «Más les vale comportarse». El presidente no descartó continuar la ofensiva: «Ya veremos si queremos llegar a un acuerdo con ellos o si simplemente terminamos con esto».

Conviene mirar los incentivos. El bloqueo naval y la cadencia de oleadas aéreas envían una señal de presión sostenida, no de operación puntual. Lo que está en juego no es solo el programa nuclear iraní sino el control efectivo del estrecho de Ormuz, por donde transita una fracción decisiva del petróleo mundial. La amenaza de la Guardia Revolucionaria de cortar las exportaciones energéticas regionales revela que Teherán también entiende ese cálculo. El dato importa más que el ruido diplomático: mientras el bloqueo se mantenga operativo y las conversaciones permanezcan estancadas, la región enfrenta un riesgo de escalada cuyo costo recaerá, inevitablemente, sobre los mercados energéticos globales y sobre los países que dependen de ese corredor.

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