El Ejército de Estados Unidos ha permitido el paso de más de 1.000 millones de barriles de petróleo crudo por el estrecho de Ormuz, según anunció Brad Cooper, comandante del Comando Central de Estados Unidos (Centcom).
Cooper dijo en un video publicado en X, en la cuenta oficial del Centcom, que esa cifra equivale a «1.000 millones de barriles de petróleo crudo que han transitado por el estrecho de Ormuz en los últimos meses».
Añadió que el hito se logró mientras las fuerzas estadounidenses asistían a «más de 2.000 tránsitos de buques comerciales a través del estrecho, brindando protección coordinada». Según Cooper, «las principales rutas de tránsito en el estrecho están libres de minas» y «el impulso está creciendo».
El comandante también afirmó que «miles de buques han pasado por el estrecho», mientras «Irán no ha exportado ni un solo barril gracias a nuestro férreo bloqueo». Dijo además que el Ejército trabaja con agencias intergubernamentales de Estados Unidos y con «los seis socios del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), las compañías de seguros y las navieras, para aumentar el volumen de tráfico a través del estrecho de Ormuz».
Cooper sostuvo que «el esfuerzo está dando sus frutos» porque «el volumen de petróleo crudo, carga y gas natural licuado en las últimas dos semanas es mayor que en cualquier otro momento de los últimos seis meses». También explicó que mantienen la colaboración con «todos los socios de la región», al tiempo que mejoran su defensa aérea, forman una nueva unidad de drones de ataque de la coalición y mantienen el estrecho de Ormuz y las aguas circundantes «abiertas y despejadas».
El anuncio llega en un momento incómodo para la administración de Donald Trump. Este viernes, el precio promedio del diésel en Estados Unidos se mantenía cerca de su máximo histórico, en 6,43 dólares por galón, según los últimos datos de GasBuddy, en medio de las persistentes tensiones en los mercados energéticos.
Conviene mirar los incentivos. La administración puede presentar como una victoria operativa la protección del tránsito por una ruta clave del orden internacional, pero el costo económico interno sigue presente en la bomba de combustible. Cuando el diésel roza un máximo histórico, la narrativa de control exterior compite con una realidad doméstica menos cómoda para el contribuyente y para la actividad productiva.
La cuestión de fondo es simple: la seguridad de una vía marítima estratégica importa, pero también importa quién paga la factura de las tensiones energéticas. Si el objetivo es estabilidad, el mercado necesita rutas abiertas y reglas previsibles; si el objetivo es exhibir fuerza, el bolsillo del consumidor suele terminar recordando que la hegemonía exterior rara vez es gratis.



