Los bombardeos estadounidenses de esta madrugada alcanzaron la zona de construcción de la futura central nuclear de Darjovin, en la provincia suroccidental de Juzestán, según informó la Organización de la Energía Atómica de Irán. El ataque se produjo en torno a las 03.40, horas, de acuerdo con la misma fuente, y coincidió con operaciones aéreas sobre otras partes del territorio iraní.
Darjovin es un proyecto de desarrollo exclusivamente iraní. Contempla la instalación de un reactor de 360 megavatios a orillas del río Karun, cuya inauguración estaba prevista inicialmente para 2030. La planta se encontraba en construcción al momento del impacto.
El organismo nuclear iraní calificó el bombardeo como un «atentado terrorista, agresivo y brutal, contrario al derecho internacional». El Gobierno de Teherán insiste desde hace años en que su programa nuclear tiene carácter exclusivamente pacífico.
Estados Unidos sostiene una posición opuesta: considera que las instalaciones nucleares iraníes encubren un proyecto para fabricar un arma nuclear. Esa convicción ha guiado una campaña sostenida de ataques aéreos. Hace aproximadamente un año, Washington lanzó una primera oleada de bombardeos contra las centrales de Fordo y Natanz. Desde febrero, con el estallido de la guerra, esas operaciones se han retomado y ampliado.
Darjovin se suma así a la lista de instalaciones nucleares iraníes golpeadas por la aviación estadounidense en el transcurso de este conflicto. La planta, a diferencia de Fordo o Natanz —instalaciones con historial de enriquecimiento de uranio—, era un proyecto de generación eléctrica civil todavía en fase de obra.
---
Conviene mirar los incentivos. Para Washington, la destrucción sistemática de la infraestructura nuclear iraní responde a una lógica de no proliferación que sus aliados en la región —Israel entre ellos— llevan años reclamando. El argumento estratégico es conocido: un Irán con capacidad nuclear cambiaría el equilibrio de poder en Oriente Medio de forma irreversible. Desde esa perspectiva, cada instalación destruida es un retroceso en el calendario de proliferación.
El dato importa más que el ruido. Darjovin no era Fordo ni Natanz: era un reactor civil en construcción, sin historial documentado de enriquecimiento. Su inclusión en la lista de objetivos ensancha el perímetro de la campaña y plantea preguntas sobre los criterios de selección que Washington deberá responder ante sus propios aliados europeos y ante cualquier negociación futura. La historia sugiere cautela: las guerras que comienzan con objetivos precisos raramente terminan con los mismos límites con que empezaron.

